Asbesto: un paso clave

Asbesto: un paso clave

Se ha logrado un avance muy importante con la ley que prohíbe este mineral. 

Por: EDITORIAL
12 de junio 2019 , 06:59 p.m.

En un significativo aporte para la salud pública del país se convierte la ley que prohíbe la producción, comercialización, exportación, importación y distribución de cualquiera de las variedades y formas del asbesto.

Esto en razón de que el Legislativo le da valor a la evidencia científica que ha demostrado que no hay ningún nivel seguro de contacto con este mineral y que sus desenlaces, en términos de bienestar, lindan con la muerte.

No fue un camino fácil de andar porque antes de llegar a esta meta, a la que aún le faltan conciliación y sanción presidencial, tuvieron que pasar muchos debates, la exposición de intereses de diferente índole, el hundimiento de casi una decena de proyectos y voces, en ocasiones altisonantes, que no pocas veces pasaron por encima de los argumentos.

Bienvenidas estas normas, pero su promulgación debe servir para recordar que no basta con su firma para que se proyecten como debe ser.

Hay que reconocer la norma. Sin embargo, su concreción y los efectos perseguidos todavía requieren una juiciosa reglamentación que no deje grietas, y menos dolientes, en términos económicos, de organización e, incluso, laborales que la deslicen del corte social.

Tal es el caso del municipio de Campamento, en Antioquia, cuya principal actividad económica es la explotación de un título minero desde hace más de medio siglo, lo cual requiere ajustes urgentes desde el mismo Estado para sustituir, más temprano que tarde, este modo de vida, a la par que se amparan los derechos de sus trabajadores y los de sus familias. No puede haber esguinces.

Así mismo, se deben estipular claramente los plazos que le permitan a la industria sustituir este elemento en sus productos, porque si bien en el ramo de la construcción ya ha mostrado importantes avances, no ha sido así en otros campos, como el de autopartes, textiles y pinturas, muchos de ellos manejados en preocupantes contextos de informalidad y de manera artesanal.

Como tampoco se pueden dejar vacíos en la necesaria política de desmonte y cambio del asbesto instalado y en funciones, dado que, como industria lícita, se esparció por todo el país en diferentes presentaciones. Esto no debe prestarse para pánicos innecesarios, abordajes improvisados o riesgosos ni la génesis de un mercado oportunista sustentado en la incertidumbre de la gente.

El Estado, con todos sus estamentos, tiene que estar encima de estos procesos de modo integral, porque no hay que dejar de lado la ilustración a la población. Ninguna autoridad le debe sacar el cuerpo a este compromiso.

Y, aunque cueste decirlo, por ningún motivo se debe dejar la puerta abierta para que, en virtud de esta prohibición, algunos avivatos hagan de las suyas con demandas o deseo de lucro injustificado. Mientras la ley no sea sancionada, gústenos o no, el asbesto es un mineral legal en el país. En otras palabras, cualquier actuación ha de ser propositiva, mirando hacia adelante.

Bienvenidas estas normas, pero su promulgación debe servir para recordar que no basta con su firma para que se proyecten como debe ser. Las leyes que se quedan en el papel se cuentan por montones. Y más en el terreno de la salud pública.

editorial@eltiempo.com

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