Argentina, otra vez

Argentina, otra vez

El país vive una difícil e incierta situación económica, cuya solución está en las recetas del FMI.

07 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

El escenario económico vuelve a ser incierto para Argentina. Así como en el 2001 declaró una cesación de pagos por 100.000 millones de dólares y tuvo que recurrir a la figura del ‘corralito’, los argentinos asisten hoy nerviosos a una situación que, si bien los expertos coinciden en que está muy lejos de llegar a la de principios de siglo, sí preocupa, porque los bolsillos están vacíos.

El default y el ‘corralito’ son fantasmas que resucitan y vuelven a asustar en un momento en que se creía que el presidente Mauricio Macri les estaba poniendo orden a las cuentas nacionales que el kirchnerismo de Cristina y su esposo acomodaban a su antojo en virtud de sus ambiciones políticas y populistas. Y todo esto a un año de las elecciones generales.

El menú tóxico que llevó de nuevo a la tercera economía de la región a una situación de incertidumbre incluye la devaluación del ciento por ciento del peso argentino respecto al dólar, la trepada de la inflación –que este año podría cerrar al 40 por ciento o más–, la caída de la producción, la especulación, el enorme déficit e, incluso, varios casos de corrupción de gobiernos pasados que meten mucho ruido político.
Pero, en el fondo, procesos ajenos a lo local, como la subida de intereses en Estados Unidos que ha provocado la masiva fuga de capitales de las economías emergentes –como la de Argentina–, explican de alguna manera el fenómeno que, dados los antecedentes del país, parece hacer que los mercados sobrerreaccionen y se llenen de desconfianza, el peor enemigo para una economía.

El ‘default’ y el ‘corralito’ vuelven a asustar, cuando se creía que el presidente Macri les estaba poniendo orden a las cuentas nacionales.

De momento, la solución está en las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI), y eso al argentino de a pie le suena al organismo que ha sido responsable de los brutales apretones sufridos a lo largo de los años. Nombrar el FMI es como invocar al diablo para quienes perdieron sus ahorros de toda la vida.

Pero no hay alternativa. Buenos Aires consiguió en junio pasado 50.000 millones de dólares que serían depositados con cuentagotas por el organismo crediticio. Ya recibió 15.000 millones. Pero, dada la forma como se han precipitado los acontecimientos, el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, está en Washington negociando para agilizar los desembolsos de 2019 y 2020. La expectativa de que Dujovne cumpla la misión hizo que el mercado consiguiera ayer algo de tranquilidad: el peso se recuperó 2,29 por ciento, a 38,40 por dólar.

Ello se sumó al paquete de austeridad anunciado por Macri, que incluye un impuesto para las exportaciones –el sector más beneficiado con la descolgada de la moneda– y una reducción sustancial de ministerios. En el FMI no ven la situación con tanto drama, pues allí se cree que Macri está haciendo lo que se debe, pero la desconfianza manda.

Más allá de lo anterior, en esta crisis también hay mucho de político, por lo que, por un lado, se les pedirán a los argentinos más sacrificios y paciencia y a los congresistas, algo de grandeza, en especial cuando se trate de aprobar el nuevo presupuesto de la nación, elemento que será clave para determinar quién pagará la factura.

editorial@eltiempo.com

Mauricio Macri

El presidente de Argentina, Mauricio Macri.

Foto:

Reuters

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