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¿Apuesta por el caos?

¿Apuesta por el caos?

Petro debe ser claro sobre si su desconocimiento de las instituciones promueve proyecto caudillista.

No se sabe qué pretende el senador y excandidato presidencial Gustavo Petro con sus recientes declaraciones y publicaciones en su perfil de Twitter. En ellas, además de considerar ilegítimo el gobierno del presidente Iván Duque, hace irresponsables llamados a sus seguidores para optar por el camino de una mal llamada desobediencia civil que incluiría, entre otras acciones, no pagar servicios públicos e incluso desatender algunas de las normas que se han implementado para enfrentar la actual pandemia de covid-19.

Argumenta Petro que las recientes revelaciones en el marco de la llamada ‘Ñeñepolítica’, así como lo que se ha sabido sobre el paso por la cárcel en Estados Unidos de un hermano de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez y el posible vínculo de su esposo en un proyecto de construcción con un opaco personaje son motivo suficiente para asumir tan extrema postura.

El caso es que si se tratara de un usuario de redes sociales más, se podría dejar que sus trinos se perdieran en el océano de opiniones de todo tipo del ámbito digital. Pero se trata de una de las figuras más reconocidas de la oposición, que en las pasadas elecciones obtuvo más de ocho millones de votos. Es una persona que ejerce un evidente y muy fuerte liderazgo sobre una cantidad enorme de ciudadanos. Tal sitial les da una connotación particular a sus pronunciamientos y lo obliga a ser responsable con la sociedad a la que se debe. Invitar a desconocer la institucionalidad con consignas polarizantes e incendiarias que llevan implícito el mensaje de que hay que hacer tábula rasa con instituciones que, con todas sus imperfecciones, han permitido dos siglos de vida en democracia –con algunas breves interrupciones– raya con el delirio, siendo generosos.

Pareciera como si el objetivo fuera un caos atizado por el inevitable odio que resulta de solo aceptar una única visión del orden social.

Tiene además un tufillo oportunista en el peor momento posible para ello, como lo es una pandemia, coyuntura en la que la unidad por momentos es una cuestión de supervivencia. Paradójicamente, quien tantas veces se ha presentado como progresista plantea una vieja y dolorosa fórmula que ha sido el gran karma de nuestra trayectoria como nación: la de desconocer las reglas de juego cuando estas no resultan favorables y, acto seguido, juntar todos los elementos necesarios para el incendio. Pareciera como si el objetivo fuera un caos atizado por el inevitable odio que resulta de solo admitir como válida una única visión del orden social. Discursos maniqueos de este tipo, que reducen una realidad social por naturaleza tan sumamente compleja como la nuestra a una división entre puros e impuros se ubican en las antípodas del ideal democrático. Mucha sangre ya ha corrido en este país a causa de dogmas de este mismo cuño.

Sobra decir que los hechos que han motivado las posturas de Petro son graves, que deben ser aclarados y que la justicia, si es preciso, debe obrar con transparencia y eficacia, pero de ninguna manera son motivo válido para darles la espalda a las instituciones. Si lo que Petro pretende es, dicho coloquialmente, patear el tablero para tener como bandera en las próximas elecciones un orden social con cabida únicamente para quienes encajen en el molde que deja su figura, es el momento de que sea claro al respecto.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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