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Apuesta contra la coca

Para alcanzar nueva meta de erradicación de cultivos ilícitos, será necesario sortear obstáculos.

Editorial El Tiempo
En los próximos días volverán a verse por todo el país las brigadas de erradicación forzada, que son hoy por hoy la columna vertebral de la estrategia del Estado contra la coca.

Conforme a los criterios de

Como lo reveló un informe publicado por este diario, el plan que se ha trazado el Ejecutivo es arrancar este año 100.000 hectáreas de narcocultivos: 80.000 por los equipos de Ejército y Policía y otras 20.000 a través de los programas de erradicación voluntaria financiados por los planes del posconflicto.
La meta representa un 43 por ciento más (30.000 hectáreas) que lo alcanzado en el 2018, y –sobre el papel– las simples cuentas podrían indicar que para finales de este año, Colombia podría haber acabado con la mitad de la coca que había en su territorio (171.000 hectáreas a corte del 2017, según el sistema de monitoreo de Naciones Unidas, a las que habría que sumar los nuevos cultivos del 2018).
Es un esfuerzo loable. La realidad, sin embargo, es mucho más compleja en esos territorios donde el Estado aún no ha logrado imponerse por completo y que siguen concentrando los cultivos ilegales. Nariño, el Catatumbo, Putumayo, Cauca, Caquetá, Antioquia, Guaviare, Meta, Bolívar y Córdoba serán los departamentos priorizados en la estrategia, que contará además con el apoyo de 100 grupos móviles de erradicación conformados por civiles.
Y lo que pasa allí supera de lejos las cuentas que puedan hacerse desde Bogotá. La resiembra de coca ronda niveles del 35 por ciento, 15 puntos porcentuales más que hace apenas un par de años. Eso significa que por cada 10.000 hectáreas erradicadas vuelven a sembrarse 3.500 en las mismas zonas, sin contar los nuevos cultivos. La labor de los equipos de erradicación también se ve afectada por la protesta social de las comunidades, a veces porque, en efecto, no tienen opción diferente, y muchas más manipuladas por los narcos dueños de minifundios coqueros y cultivos industriales de la hoja. Así mismo están las minas antipersonas, mediante las cuales todos los grupos armados que perviven del narcotráfico protegen sus intereses.

Bienvenidos la nueva estrategia y los ajustes que haya que realizar en las otras para cerrarle el camino al narcotráfico, que tanto daño nos ha causado

El crecimiento disparado de las siembras ilegales (en el 2012 estábamos en 48.000 hectáreas, cuatro veces menos que hoy) y, sobre todo, la producción sin precedentes de cocaína –1.379 toneladas, lo cual significa que, no obstante los récords de incautación, de más de 400 toneladas, los narcos siguen poniendo en las calles más de 900– son una amenaza no solo para el país actual, sino para el que dejaremos a nuestros hijos. El aumento de los homicidios del año pasado, que rompió la racha a la baja luego de un lustro, se explica por las guerras de la coca, en especial en las regiones con cultivos. Y la multiplicación de los actuales actores de la violencia, gracias a los chorros de plata sangrienta del narcotráfico, es un escenario que ya estamos viendo y no podemos dejar de enfrentar.
Precisamente por todo ello, se debe dar la lucha sin cuartel. Bienvenidos la nueva estrategia y los ajustes que haya que realizar en las otras –la de sustitución voluntaria, por ejemplo– para cerrarle el camino al narcotráfico, que tanto daño nos ha causado.
EDITORIAL
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