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Adiós, señorita

Adiós, señorita

Es relevante esta recomendación de seguir trasformando el lenguaje para evolucionar la cultura.

En un mundo en el que sigue librándose un pulso para cerrar las brechas entre los géneros, pero el alud de las noticias poco deja ver más allá del día a día, ha pasado de agache no solo la vieja invitación de la Real Academia Española a revisar el vocabulario discriminatorio, sino el llamado de las Naciones Unidas –mencionado por el experto Fernando Ávila en su columna de EL TIEMPO– para que en los tiempos de la igualdad deje de usarse "el lenguaje de manera que no se perpetúen los estereotipos relacionados con el género", para no seguir valiéndose de la palabra ‘señorita’, por ejemplo, con el propósito de definir a una mujer por su estado civil.

Durante siglos se ha usado el vocablo 'señorita', según el diccionario de la Academia, "como tratamiento de cortesía aplicado a la mujer soltera". Se ha usado la palabra para describir a las jóvenes, para reivindicar a las supuestas virtuosas, para referirse a las desconocidas, para titular a las concursantes de los reinados de belleza que ya no gozan de la popularidad de hace algunos años, pero en la búsqueda de la inclusión, en un mundo que pretende cumplir las promesas de la democracia, empezando por el derecho de todas y todos a ser definidos por sí mismos –y en el que solo existe el ‘señorito’ como chiste o como insulto–, resulta pertinente llamar ‘señora’ a cualquier ciudadana.

Habrá quienes miren de reojo el asunto. Habrá quienes se indignen porque estén convencidos de que es mucho más importante transformar las realidades sociales que renombrarlas. Pero mientras se discuten temas de fondo como los derechos reproductivos o las brechas salariales o la paridad política entre hombres y mujeres en las sociedades en español del mundo entero, no es un asunto menor, sino una noticia diciente, relevante, esta recomendación de seguir trasformando el lenguaje para seguir trasformando la cultura, para seguir reconociendo que están lejos los días en los que los hombres eran llamados por sus títulos y las mujeres por sus nombres.

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