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Adiós a Fray Ñero

Adiós a Fray Ñero

Su inolvidable estampa, que combinaba el hábito y el morral, fue muy familiar para los bogotanos.

A causa del covid-19 falleció el pasado Viernes Santo fray Gabriel Gutiérrez, quien se ganó el cariñoso remoquete de Fray Ñero por su admirable entrega y servicio a los habitantes más vulnerables del centro de Bogotá.

Nacido en Bogotá en 1957, Gutiérrez comenzó su apostolado como sacerdote diocesano, para después ingresar a la orden franciscana, paso que lo llevó a hacer votos de pobreza.

Tras servir en regiones apartadas del país, así como en Mozambique (África), en 2015 Fray Ñero llegó a su ciudad, donde supo discernir que su misión era acompañar y aliviar el sufrimiento de quienes en situación de calle habitan el centro de la ciudad y, en particular, el caño de la calle sexta y el sector del antiguo Bronx. En esta labor halló una fuente de serenidad y sentido para sus días, como suele ocurrir con quienes, a contracorriente tantas veces, salen de sí mismos para servir, sin medida y con amor, a los demás.

Desde entonces, su inolvidable estampa, que combinaba el hábito y el morral, fue cada vez más familiar para los bogotanos. Más de una vez la suya fue voz solitaria que recordó con coraje y firmeza en momentos críticos que ninguna de las situaciones complejas –delincuencia, consumo problemático– que viven estas personas puede justificar un trato que pase por alto sus derechos y pisotee su dignidad, que su calvario no es excusa para negarles un trato igualitario, respetuoso y amoroso.

Para quien tenía como él un compromiso con los más necesitados, el riesgo de la pandemia seguramente fue asumido como una oportunidad de ir más allá en la entrega y el servicio. Y así fue: sabía que en este momento en el que los más débiles son los que más sufren no podía sino salir a socorrerlos sin consideración del peligro que esto acarreaba.

Tiene que ser un consuelo en este momento de dolor para su parche del que hace parte la Fundación Callejeros de la Misericordia, que se levantó en torno a su trabajo, el pasaje del evangelio en el que Jesús recuerda que todo aquel que la pierda la vida por su causa la salvará.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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