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Adaptación responsable

Adaptación responsable

Colombia transita una fase difícil en la cual se combina reapertura económica con riesgo sanitario.

A partir del lunes pasado, el país arrancó una nueva etapa en los esfuerzos contra la propagación del coronavirus. Esfuerzos que ahora adquieren una nueva dimensión social y económica, tanto ante la reapertura de varios sectores productivos como el monitoreo epidemiológico desde las regiones.

Aunque el confinamiento continúa para varios sectores de la población, como los adultos mayores de 70 años, la cuarentena como la experimentó el país durante el mes de abril ya no opera. Y está bien que las flexibilizaciones del aislamiento obligatorio se apliquen con el cumplimiento de los protocolos sanitarios, porque los actores económicos como las empresas y los hogares no lo aguantarían por más tiempo.

Si una lección están dejando algunos indicadores recientemente publicados, como el PIB, el desempleo y las exportaciones, es que la disyuntiva entre salud o economía debe transformarse en una estrategia de reactivación económica y contención sanitaria.

Los costos del primer mes de la cuarentena, más altos de lo inicialmente esperado, impulsan a los distintos estamentos de la sociedad colombiana a una retadora combinación de adaptación a la economía y a la vida bajo pandemia, junto con responsabilidad ciudadana, política e individual.

Empresas y hogares enfrentan el reto de reforzar la protección sanitaria, la disciplina colectiva y
el autocuidado.

Desde el Estado, por ejemplo, se abren retos de variada índole. En materia económica, el Gobierno Nacional necesita liderar este regreso de las distintas actividades productivas bajo los protocolos de salud, la protección de los empleos –que ya empezaron a destruirse– y el alivio a un tejido empresarial que también reporta una difícil situación financiera.

El golpe a la economía se traducirá inevitablemente en el crecimiento del desempleo, que ya está en el 19,8 por ciento, y en un deterioro de los indicadores de pobreza y vulnerabilidad social. Es evidente que el despliegue de ayudas sociales iniciales tendrá que seguir por varios meses más e, incluso, ampliar su red para incluir más personas en necesidad.

La apuesta a las reactivaciones regionales plantea para el Ejecutivo Nacional y los gobiernos locales un inmenso desafío en materia de vigilancia sanitaria, compromiso de las empresas, preparación de la red hospitalaria y capacidad de reacción ante el crecimiento de contagios. Centrales de abastos de alimentos, sistemas de transporte masivo, cárceles, entre otros, están representando para alcaldías y gobernaciones el despliegue de estrategias sin antecedentes.

El sector privado no se escapa de los nuevos desafíos para esta nueva fase de la reactivación económica. Además del uso de los planes de subsidios a la nómina y al pago de las primas de servicios, las empresas pondrán a prueba sus principios de responsabilidad social en varios aspectos: acuerdos con sus trabajadores, protecciones a la salud y en los sitios de trabajo, y su relación con proveedores y clientes.

Por último, ahora los ciudadanos cuentan con mayor responsabilidad. El regreso a las actividades implica más autocuidado y una mayor disciplina social para prevenir contagios. Mientras no haya vacuna y Colombia deba reactivarse, la mejor apuesta es por la adaptación con responsabilidad.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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