Actuar ante el Niño

Actuar ante el Niño

Es urgente tomar todas las medidas antes de llegar a condiciones dramáticas.

Por: EDITORIAL
11 de enero 2019 , 09:03 p.m.

Este es un tema clave sobre el cual hay que insistir. Con apenas unas semanas de incidencia en el país, el fenómeno del Niño vuelve a imponerse como un reto para autoridades y ciudadanos, quienes deben actuar ante incendios y desabastecimientos. Más allá del ahorro de agua y energía –medidas básicas y necesarias desde el hogar–, es ahora cuando los esquemas de monitoreo, control y prevención en las regiones deben potencializarse si no se quiere llegar a condiciones dramáticas como las vividas tan solo unos años atrás.

Cerca de 400 municipios en riesgo de desabastecimiento, más del 90 por ciento de los ríos con disminución en su caudal y un aumento de los incendios forestales no son un balance alentador en este inicio del Niño, caracterizado por la disminución de las precipitaciones y el incremento de la temperatura. Aunque, como ha reportado el Ideam, se trata esta vez de un fenómeno de nivel moderado, no hay que bajar la guardia, puesto que sus consecuencias se agravarán mucho más hacia febrero y continuarán en marzo. Así que el tiempo de prevención apenas comienza.

Precisamente, las altas temperaturas y la falta de lluvias en los municipios tienen que empezar a considerarse en el día a día de la mayoría de las actividades productivas. Terminar con las tradicionales prácticas de quemas para expandir la frontera agrícola, impedir la construcción de barreras no autorizadas para el desvío de fuentes de agua, controlar su gasto y el de energía son acciones que deben priorizarse para estas semanas de fuerte calor y convertirse, en definitiva, en prácticas de una cultura ambiental de la cual carece el país.

Es, entonces, indispensable que las autoridades ambientales y locales pongan en marcha los planes de prevención de desastres, las declaratorias de calamidad pública y los esquemas de coordinación regional y nacional, así como hacer una mayor presencia en los territorios para que el control y la vigilancia no se queden solo en el papel, sino que logren frenar las acciones que luego derivan en emergencias regionales, como ocurrió en Tolima con el incendio en el ecosistema de páramo.

Ahora bien, los efectos del Niño en el país tienen que analizarse en el contexto de degradación que ya padecen varios ecosistemas y los hace más vulnerables ante eventos extremos del clima. Es el caso del río Magdalena, que ya empieza a presentar reducciones en su cauce, lo cual genera restricciones en su navegabilidad. Se debe reconocer que los procesos de deforestación en las cuencas que lo nutren, así como el estado de sedimentación del río, hacen que las consecuencias de la temporada seca sean más graves. Lo mismo ocurre con ciertas microcuencas, que soportan continuos desmantelamientos de su cobertura boscosa y, ante la falta de lluvia, muestran un decrecimiento mucho más notorio de su cauce.

El Niño, con su temporada de calor, y la Niña, con el aumento de las lluvias, son fenómenos propios de las condiciones climáticas del país. Debemos aceptarlos como eventos regulares del clima y aprender a responder ante sus efectos. Si en un escenario de cambio climático es probable que estos fenómenos sean cada vez más frecuentes e intensos, urge saber adaptarse a ellos.

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