Acciones para Cúcuta

Acciones para Cúcuta

A raíz de la crisis en Venezuela, Cúcuta vive una situación difícil y necesita atención prioritaria.

Por: Editorial
01 de abril 2019 , 12:16 a.m.

La decisión tomada la semana pasada por el Comité Consultivo de la Regla Fiscal de permitir que el Gobierno tenga este año un déficit estructural del 2,7 por ciento para así poder contar con aproximadamente 3 billones de pesos más en deuda, con el fin de atender las necesidades básicas de más de un millón de venezolanos en territorio nacional, es otra evidencia del fuerte impacto que la crisis del país vecino ha tenido en Colombia.

Y si hay un lugar en donde en mayor medida se siente el impacto es en Cúcuta. Otrora dinámico y próspero epicentro del comercio binacional, la capital de Norte de Santander vive hoy una situación extremadamente compleja. Ya venía de tiempo atrás experimentando, uno tras otro, los coletazos de los vaivenes en la relación binacional y, en general, de la caída en picada de la economía venezolana, así como de su crisis social. Pero en las últimas semanas, tras la decisión del régimen de Nicolás Maduro de cerrar la frontera en este punto, las cosas pasaron –dicho coloquialmente– de castaño oscuro.

Se habla de una parálisis comercial como resultado, en parte, de que muchos de los 35.000 venezolanos que a diario llegaban para aprovisionarse de bienes básicos ya no pueden hacerlo. La ocupación hotelera ha estado disminuyendo de forma preocupante, como inquietantes también son las estadísticas de la Cámara de Comercio sobre cierres de empresas; al tiempo, el desempleo alcanzó en la más reciente medición la cifra del 17,7 por ciento, la tercera más alta entre las ciudades del país. La informalidad laboral, según el mismo Dane, llegó al 69,8 por ciento.

A lo anterior hay que añadir el gigantesco drama social, consecuencia de que este centro urbano sea el principal receptor de migrantes venezolanos. Se trata, como coinciden muchos observadores, de uno de los mayores fenómenos de este tipo actualmente en el mundo y uno sin precedente conocido en el continente. Aunque había disminuido levemente debido a la expectativa generada hace algunas semanas sobre la posibilidad de un relevo en Miraflores, este ha vuelto a aumentar. Y tiene lugar por las más de 74 trochas ilegales en manos de mafias que suelen despojar a quienes las transitan de los pocos bienes y recursos que pueden llevar consigo. Quienes logran pasar a Cúcuta –se calcula que 2.000 personas diarias– lo hacen únicamente con lo que llevan puesto. La presencia de estos criminales que controlan dichos pasos, las enormes carencias de quienes llegan, sumadas a viejos problemas de necesidades básicas insatisfechas en los sectores más vulnerables de la población cucuteña, son factores que explican por qué el crimen crece, mientras que las actividades económicas formales caen en picada.

Cúcuta necesita atención prioritaria. Se ha hablado de declaratorias de emergencia, también de leyes que creen estímulos tributarios que permitan generar empleos y así comenzar a convertir el drama social en una oportunidad para generar desarrollo y bienestar. Que se evalúen, lejos de las refriegas políticas, todas las opciones y se tomen, rápido, decisiones que eviten un colapso que estamos a tiempo de evitar.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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