2018, un año espeso

2018, un año espeso

La geopolítica mundial puede centrarse en el aislacionismo como política exterior de EE. UU.

04 de enero 2018 , 12:00 a.m.

Con el telón de fondo del aislacionismo como política exterior de Estados Unidos y de su abandono del debate mundial en temas fundamentales, como el cambio climático, 2018 será un año en que el mundo va a presenciar cómo China y Rusia intentarán llenar el vacío de la superpotencia, atentos a que las contradicciones, caprichos o promesas del presidente Trump no cambien la ecuación en temas claves o que el riesgo de un ataque cibernético, un atentado terrorista o algún movimiento temerario, por ejemplo en el manejo de la crisis con Corea del Norte, no obliguen a volver a barajar unas cartas estratégicas que parecían marcadas.

En estos asuntos y en el crecimiento global de la economía parece estar centrada la geopolítica mundial si se piensa que la Unión Europea atravesará un año de transición, a la espera del brexit, y de que el eje francoalemán relance el bloque dependiendo de que Macron consolide su liderazgo y de que la canciller Merkel forme un gobierno que se ha hecho esperar.

Todo en medio de la emergencia de la ultraderecha, de populismos y del nacionalismo que el año pasado prácticamente secuestró la agenda de un país como España, por causa del separatismo catalán.

Si bien es cierto, como fuerza armada con control territorial, el mundo presenciará muy probablemente la derrota del Estado Islámico (EI); esto no significará de manera alguna el fin de los atentados terroristas, que seguramente seguirán moviéndose a nivel inspiracional en la forma de ‘lobos solitarios’ o de aisladas células que reproducirán la franquicia del terror en Occidente, o incluso en Oriente.

Este será un año de pronóstico reservado, con elecciones en el vecindario y cuya única pausa quizás será el Mundial de fútbol de los rusos.

Esta región, en particular, continuará sacudida por los intentos de aislar a Irán, por los aires reformistas en Arabia Saudí y por la renovada pugna palestino-israelí por el reconocimiento estadounidense de Jerusalén como capital del Estado judío.

La vecindad se enfrentará a un año de elecciones –incluyendo las primeras en Colombia tras la firma de la paz con las Farc–, en donde varios países vivirán sobresaltos que podrían terminar reafirmando el viraje regional hacia la derecha o creando poderosísimas excepciones en caso de que en México venza el izquierdista Andrés Manuel López Obrador o que en Brasil Lula logre ponerse por encima de sus líos con la justicia y derrote a la derecha radical en medio de la continental olla podrida de Odebrecht.

En teoría, llegará a su fin la era de los Castro en Cuba con el arribo al Ejecutivo de una nueva generación revolucionaria, aunque el poder real seguirá en manos de Raúl; Putin pujará por su cuarto mandato casi fijo; Trump se enfrentará a las elecciones de mitad de mandato, que probablemente le arrebatarán la mayoría republicana en una de las cámaras, y Maduro intentará en las presidenciales, en las que ya casi tiene fuera de juego a la oposición, profundizar la revolución personificada en su figura de dictador incapaz de darles una vida digna a los venezolanos, o al menos un pernil de cerdo para Navidad. En suma, un año espeso y sinuoso de pronóstico en extremo reservado, cuya única pausa quizás será el Mundial de Fútbol de los rusos.

editorial@eltiempo.com

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