La agencia de les jóvenes

La agencia de les jóvenes

Estos y estas jóvenes protagonizan una revolución cultural que no reconoce liderazgos establecidos.

01 de diciembre 2019 , 11:28 p.m.

Pueden culpar al castrochavismo y a Petro o, si prefieren otra versión, a Uribe o Londoño. Pueden poner banderas blancas en los conjuntos cerrados, en nombre de “los buenos vecinos que sí trabajan”, sin preguntar si todos están de acuerdo. Pueden volverse el terror de los chats familiares reenviando pastorales anónimas y mal redactadas sobre los “valores inmutables” que estos hijos de “familias disfuncionales” (sic) están rompiendo con su protesta en espacios públicos. 

Pueden decir “por algo será” o “no estaba recogiendo café” o “quién lo manda salir a la calle un sábado por la tarde”, para justificar la muerte absurda de un joven que era pura vida, y que era deber del Estado proteger. Pueden llamarlos vándalos para ubicarlos en una categoría diferente a la de “buenos muchachos”, e incluso pueden contarlos como botín electoral.

Y, sin embargo, nada de eso cuenta: ni los miles de palabras que se publican en esta prensa que ellos no leen, ni “la conversación nacional” que les parece, no sin razón, una farsa. Ahí están, y son jóvenes, en conexión permanente, y tienen acceso pleno a la información de otros países, y de otros mundos posibles, y leen por otros lados. Y saben que este planeta y este continente inequitativo y este país y estas autopistas, reales y virtuales, son de ellos (de ellas, de elles), y en poco tiempo –es solo cuestión de años– estarán exclusivamente en sus manos.

Se puede elegir entre considerarlos ‘los nuevos bárbaros’, como si fueran una horda sin voz, ni voto ni ideas, a merced de instintos primarios, o entender que son ciudadanos, aquí y ahora: que así los consideran la Constitución de 1991 y los tratados sobre los derechos de los niños de hace 30 años que fingimos conmemorar el mes pasado, y que les dieron otros marcos –más jurídicos que reales– para crecer como ciudadanos.

Estos y estas jóvenes –y aquí es importante usar los géneros conocidos y por conocer–, que en su mayoría son estudiantes, o tienen la aspiración de serlo, y la conciencia de haber sido excluidos, están protagonizando una revolución cultural que no reconoce los liderazgos establecidos, así que dejen de preocuparse por el tal ‘castrochavismo’, y preocúpense más en serio por estos sujetos políticos que se han encontrado por fin en las calles y están intentando franquear las fronteras de inequidad –las rejas, los muros, las talanqueras– que los habían confinado a vivir y a educarse en guetos y conjuntos cerrados, cerrados sobre sí mismos.

Ese espacio urbano, inseguro y precario, que intentan habitar por fin y transformar con su presencia, sus ‘performances’ y sus modos de deliberación y expresión, es un laboratorio para ejercer nuevas ciudadanías y para construir esa conversación sobre lo público que es la política. Se trata de una revolución cultural no planeada por una mano invisible –una revolución ubicua que cambia el paisaje interior– y que, como es propio de estos tiempos, es pluralista y diversa. Por eso, las críticas sobre la falta de ideas principales que aglutinen la protesta parecen de siglos pasados, en tanto que el hilo sutil es la inequidad de derechos. Bajo ese ‘leitmotiv’ están incluidas las voces excluidas de las mujeres, los pensionados, los indígenas, los maestros, los sindicatos, los estudiantes...

Frente a estos jóvenes que tienen agencia, en cuanto que son interlocutores conscientes de su papel para tomar decisiones, se hace más ostensible la crisis de los partidos políticos y del Gobierno. ¿Cómo se puede conversar con un presidente incapaz de leer el momento, inseguro y poco capacitado para superar las oposiciones binarias de malos y buenos, y asumir el desafío de pensar en este país diferente que lo está –y nos está– interpelando?

YOLANDA REYES

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.