‘Emascular’ y otros significados

‘Emascular’ y otros significados

Desde Turbay no recuerdo un alarde de testosterona similar al protagonizado por el Fiscal General.

20 de mayo 2019 , 12:40 a.m.

Desde aquella frase ridículamente célebre de Turbay sobre su gobierno ‘hormonado y testiculado’ no recuerdo un alarde de testosterona similar al protagonizado por el Fiscal General de la Nación el día de su renuncia. “Las facultades de investigación de la Fiscalía… quedaron emasculadas”, declaró, y me llamó la atención que nadie se hubiera preguntado por el sentido de ese participio puesto ahí, como si semejante crisis hubiera sido motivada por una afrenta a la virilidad del personaje.

Algunos medios, acostumbrados a transcribir sin rechistar los culteranismos y los latinajos de ciertos abogados, creyeron oír ‘enascuradas’ (sic) en el discurso de Martínez y publicaron una palabra que ni siquiera existe. No les importó comunicar que, según el Fiscal, las facultades de investigación de la Fiscalía habían quedado… ni idea cómo, y al fin y al cabo daba igual porque nadie entendía nada y no era solo por no tener un diccionario.

Sin embargo, como para entender hay que empezar por buscar el significado de las palabras –y preguntarse quién las elige y en qué circunstancias–, emascular significa “extirpar o inutilizar los testículos o los testículos y el pene de un hombre o de un animal macho”. O ‘capar’, según la definición más escueta de la Real Academia de la Lengua. En ese sentido, la renuncia intempestiva del Fiscal lucía como un “acto de honor”, en sentido primitivo.

No obstante, si algo sabemos de Martínez, es que sus estrategias tienen más de maquinación que de instinto primitivo. ¿Cuál es, entonces, la agenda oculta, más allá de la pataleta de un niño tirano (o de un ego emasculado)? ¿Se trata, simplemente, de la oportunidad de salir como un héroe, en un momento en el que las investigaciones de Odebrecht pueden amenazar su continuidad y su legitimidad en el cargo, o hay más mensajes que no alcanzamos a descifrar? “Mi conciencia y mi devoción por el Estado de derecho me impiden continuar”, declaró también, con una frase que se oponía a sus actos recientes enmarcados en un incomprensible pacto de silencio urdido –¿con quiénes y por qué?– para no entregar las pruebas más importantes del caso Santrich a la JEP.

En esta coyuntura actual tan difícil para la justicia, con semejante mezcla amorfa entre narcotráfico, control territorial, asesinatos de líderes, polarización política, presiones internacionales y falta de liderazgo presidencial, el rol del Fiscal habría podido ser el de continuar trabajando desde el Estado de derecho.

Por el contrario, sus recientes declaraciones en la entrevista concedida ayer a Yamid Amat para este diario indican que Martínez recurre de nuevo a la ‘puerta giratoria’ para salir y entrar de la institucionalidad, según las circunstancias. Ahora dice que trabajará como “un obrero” para defender los procesos institucionales de la paz, y se vale de la imagen de los ‘arreglos de sastre’ para contarnos que se dedicará (¿en calidad de qué?) a hacer un “vestido de la paz” que se ajuste a todos los sectores. ¿Alguien cree que es posible?

Esos supuestos ‘buenos oficios’ para componer, al margen de la institucionalidad y sin responsabilidades públicas, unos acuerdos con los egos políticos de siempre (Uribe, Gaviria, Vargas Lleras y otros eternos barones) enmarcan el nuevo vocabulario del Fiscal e ilustran esta sucesión de vaivenes entre paz y guerra que no se resuelven nunca y mantienen la ciudadanía de este país en un estado de incertidumbre, miedo y desesperanza.

Quizás hoy, más que nunca, cabe insistir en la necesidad de una sociedad políticamente activa para desentrañar, pero no solo en el caso del Fiscal, los mensajes que circulan entre líneas y no auguran nada claro. Y, mucho me temo, nada bueno.

YOLANDA REYES

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