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Carta abierta a Paola Ochoa

Carta abierta a Paola Ochoa

El retraso en talla se conoce como desnutrición crónica. El principal antídoto es la leche materna.

28 de junio 2021 , 12:48 a. m.

Paola, quisiera contestar su pregunta “¿qué hay de malo con abrir la mirada a otras posibilidades, otras dimensiones, otras formas de establecer relaciones entre causas y consecuencias?”.

Ojalá la revolución científica que evoca hubiera logrado esta victoria para la niñez. Ojalá estuviéramos en esa etapa madura para proclamar el triunfo definitivo de la ciencia sobre los mitos en lo que respecta a la lactancia materna como eje de la nutrición infantil.

Al hablar de causas y consecuencias se refiere usted al crecimiento de los niños y niñas. Para que este proceso de ganar talla o estatura ocurra adecuadamente, dice la ciencia que es preciso que confluyan factores esenciales como la nutrición, el afecto, el cuidado, entre otros estímulos esenciales. La talla es un indicador en los menores de 5 años sobre su desarrollo cerebral; de suerte que un retraso en talla indica un posible retraso en la actividad neuronal. Si esta condición anormal se prolonga, sus consecuencias pueden ser irreversibles.

El retraso en talla se conoce como desnutrición crónica. Y el principal antídoto contra la desnutrición crónica es la leche materna.

No puedo negarle que es una profunda preocupación la que me anima a darle esta respuesta. Han sido muchos los años en que he visto cómo se intenta una congruencia entre el Estado, la familia y la sociedad civil para fortalecer la práctica de la lactancia materna. Y, contrario a lo que usted sugiere, aún son demasiados los niños y niñas que no disfrutan el derecho fundamental a la salud y a la nutrición, temas en los que, reitero, la lactancia materna actúa como eje clave y dinamizador. Una cifra inicial que puede servir para ubicar la problemática es que solo un 36 por ciento de los menores de un año reciben lactancia exclusiva en los primeros 6 meses de vida (Ensin, 2015).

Justamente una de las claridades importantes para considerar en esta discusión es que la desnutrición crónica es un tema de salud pública, y por eso las cifras para entender la problemática son poblaciones, se busca el interés general y se evitan para el estudio y el análisis situaciones o intereses particulares. De acuerdo con su manifestación, percibo que usted se refiere a un nicho muy específico cuando asegura que “hay un universo infinito de posibilidades de complemento, que pasan por frutas, jugos, cereales, papillas, leche de vaca y leches formuladas que sirven para acelerar crecimiento en estatura y talla”.

Según el Dane, durante el 2020 teníamos en Colombia 2,7 millones de personas en situación de pobreza extrema más que en 2019. La pobreza extrema implica que los ingresos del hogar no son suficientes para suplir las necesidades básicas de alimentación.

Al hablar de derechos tanto de las madres como de los niños y niñas, nunca puede dejarse de lado el bienestar, la integridad y la dignidad de unos y otros. Por eso en la promoción de la lactancia materna se hace alusión directa a una práctica que afianza el vínculo de afecto, a través de un producto natural que es remedio, que nutre y protege. En los casos específicos en los que se presentan patologías o anomalías es preciso que haya consulta e intermediación médica. Solo el 5 por ciento de las mujeres en el mundo tienen problemas fisiológicos o anatómicos que pueden limitar la lactancia (Journal of Obstetric Gynecologic and Neonatal Nursing, 2009).

De tal suerte que la lactancia materna como antídoto contra la desnutrición crónica tiene que ser tratada en contexto, porque su promoción general y, sobre todo, su adopción general representan una solución gratuita, integral, idónea y cualificada. En este sentido, las cifras poblacionales de las que hemos hablado dan cuenta de medio millón de niños y niñas menores de 5 años que tienen desnutrición crónica (Ensin, 2015). Si todos ellos hubieran recibido leche materna exclusivamente en sus primeros 6 meses de vida, aumentaría la probabilidad de que se recuperaran y retomaran un crecimiento sano, como es su derecho.

Por supuesto que la población infantil que padece este mal tiene condiciones precarias en cuanto a la satisfacción de sus necesidades básicas. En los casos en que las madres o las familias pueden escoger entre ese universo infinito del que usted nos habla, la ausencia del contenido nutricional de la leche materna y sus demostradas ventajas no lo dejaría tan a la deriva causando este tipo de malnutrición porque podrían compensarlos al contar con recursos para obtener productos que emulen —sin reemplazar nunca— el contenido natural elaborado de forma inteligente por el organismo humano. La leche materna contiene de 1 a 2 por ciento de proteína, de 3 a 5 por ciento de grasa, de 6,5 a 10 por ciento de hidratos de carbono, 0,2 por ciento de sales, y de 82,8 por ciento a 89,7 es agua, por lo que no se le va a deshidratar el niño. La composición varía según la edad porque sabe leer muy bien los requerimientos del niño o niña lactante, y es producida y calculada por su propia madre.

Pero, como vimos, son muchos los niños y niñas que viven en pobreza extrema, en cuyos hogares no se disfrutan tres comidas al día y el menú dista mucho del que usted conoce. De hecho, esas otras leches nunca podrán aparecer en sus despensas, ni en la de la mayoría de los niños y niñas colombianas.

La comunidad científica ha celebrado en los últimos 30 años la existencia de la evidencia sobre el tesoro que la humanidad tiene en un producto natural como la leche materna. En 2016, la revista The Lancet decía que “si la lactancia materna no hubiese existido, y alguien la hubiera inventado hoy, merecería un doble Premio Nobel de Medicina y Economía. Porque si bien ‘el pecho es lo mejor’ para la salud de por vida, también es excelente para la economía. La lactancia materna es la primera vacuna de un niño contra la muerte, la enfermedad y la pobreza, pero también su inversión más duradera en la capacidad física, cognitiva y social”.

En este orden de ideas, incluso en los estudios que se han interesado en las leches formuladas, como el que usted citó de la Comisión Europea de junio de 2018, no pueden dejar de reconocer la supremacía comprobada de la leche materna en aras de la verdad: “Estos resultados del Programa sobre la Obesidad en la Infancia de la Unión Europea subrayan la importancia de promover y apoyar la lactancia materna, por los beneficios que aporta a largo plazo. También destaca la importancia de seguir perfeccionando la composición de las fórmulas adaptadas para bebés”, dijo el autor principal del artículo, el profesor Berthold Koletzko, de la Universidad de Múnich (Alemania).

Siento, quizá, en su postura un llamado a abrazar y a apoyar mucho más a las mamás que intentan amamantar a sus bebés, en razón de que, en sus palabras, “son inmensos los pormenores con la alimentación diaria de un lactante”. Tiene razón. Hace falta mucho conocimiento previo y más personas dispuestas a aconsejar y preparar a las mamás en la lactancia. Quizá lo que usted llama “fábrica de sustento” contribuye en algo a la solución.

Qué bueno una interlocución oportuna, para que usted y la audiencia que la ha escuchado y leído tengan la posibilidad de enriquecer la conversación.

XIMENA NORATO
Directora de Pandi

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