Una Navidad sombría

Una Navidad sombría

Duque está metido en camisa de once varas, pues gobernar no es tan fácil como se lo pintaron.

Por: Vladdo
18 de diciembre 2018 , 06:20 p. m.

Para Iván Duque debe ser muy angustioso empezar todos los días sabiendo que llegó a un cargo tan importante sin las credenciales necesarias y con votos prestados; ser consciente de que sin el impulso, la guía y los votos de Uribe seguiría siendo un burócrata más en una entidad multilateral; ver que tiene la vida hipotecada y que el acreedor no rebaja intereses ni prorroga plazos.

Me causa curiosidad saber qué piensa cada mañana el primer mandatario cuando se mira al espejo. Qué sentirá. Qué reflexiones hará. Qué se preguntará. ¿Será consciente del lugar que ocupa y, sobre todo, de la responsabilidad que se echó encima al llegar al puesto más importante del país? ¿Se estará dando cuenta de que hasta ahora no ha dado la talla? ¿De que el derrumbe en las encuestas no es gratuito? ¿Habrá notado que muchos de sus más entusiastas defensores ya se sienten preocupados o incluso desilusionados? ¿A estas alturas del partido tendrá claro que si no hace un viraje drástico –como lo sugería hace poco la revista Semana–, su gobierno podría terminar convertido en un campo de arena movediza para él y en una pesadilla para nosotros?

El balance no podía ser más decepcionante para el presidente, sobre todo desde el punto de vista legislativo, donde casi todas sus iniciativas han naufragado miserablemente.

Es difícil conocer las respuestas a estas inquietudes, aunque uno pueda intuir varias de ellas. Sin embargo, si se trata del joven brillante que nos han querido mostrar, Duque debe saber que está metido en camisa de once varas y que su gestión no va a ser tan sencilla como se la pintaron o como él se la imaginaba cuando se prestó para ser ungido como “el que dijo Uribe”.

El balance de estos ciento y pico de días de gobierno no podía ser más decepcionante para el Presidente, sobre todo desde el punto de vista legislativo, donde casi todas sus iniciativas han naufragado miserablemente. La reforma política es una vergüenza, pervertida a punta de pupitrazos furtivos, en sesiones nocturnas casi clandestinas; la tal reforma tributaria –degradada a ‘ley de financiamiento’– es un esperpento, “una plana llena de borrones”, como la definió este periódico en su editorial el domingo pasado; la incierta ley TIC es un pastel envenenado, y el ruidoso paquete anticorrupción quedó convertido en un saludo a la bandera, luego de que el Presidente lo dejara a la deriva. O en manos de la ministra del Interior, que es prácticamente lo mismo.

Y esta hecatombe legislativa no se le puede achacar de manera simplista a ‘la falta de mermelada’, como pretenden hacerlo tanto el Gobierno como sus defensores (columnistas incluidos). Y, aunque buena parte de la responsabilidad por el hundimiento o desfiguración de sus iniciativas en el Congreso les cabe a los ministros de cada rama, la raíz de esta debacle está en la ausencia de liderazgo del Presidente, quien al intentar reformular la relación del Ejecutivo con el Legislativo no ha tenido suficiente poder de convicción para poner a caminar a los honorables parlamentarios.

Por otra parte, al nombrar como ministra del Interior a Nancy Patricia Gutiérrez no sopesó el hecho de que era subalterna del senador Uribe y congresista ad hoc de Cambio Radical, vínculos que sin duda han afectado negativamente su desempeño en una cartera clave para sacar adelante cualquier agenda legislativa.

Si a lo anterior sumamos el hecho de que el Presidente parece que viviera en otro planeta y cuando sale de su burbuja él mismo no toma en serio su papel como gobernante e insiste en ponerse a cantar o a hacer acrobacias con un balón en actos oficiales, como si estuviera en campaña, el resultado no podía ser otro. Qué Navidad tan sombría la que le espera...

* * *

Colofón. Para completar, según Fedesarrollo, en noviembre el Índice de Confianza del Consumidor se desplomó y cayó a -19,6 por ciento, su valor más bajo desde marzo de 2017. En otras palabras, el pesimismo está disparado.

@OpinionVladdo

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