Un tribunal a la medida

Un tribunal a la medida

Arias no sólo quiere segunda instancia, sino que pretende escoger a su propio juez.

Por: Vladdo
19 de mayo 2020 , 07:51 p.m.

El problema de Andrés Felipe Arias es que la única instancia judicial que le sirve es una que lo declare inocente. De resto, todas le van a parecer, como hasta el día de hoy, injustas, parcializadas, abusivas, contaminadas y hasta corruptas. Al mejor estilo de su jefe natural, Uribito solo acepta un fallo de inocencia absoluta en el cual quede consignado que no solo fue erróneamente condenado, sino injustamente perseguido.

A mí siempre me ha llamado poderosamente la atención el hecho de que en tiempos remotos, cuando los juicios de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) eran un saludo a la bandera, todos los políticos de alto turmequé querían sacarle el cuerpo a la justicia ordinaria para ser juzgados por el más alto tribunal del país. Pertenecer a ese exclusivo club de aforados era privilegio fuera de serie, porque ninguno de sus integrantes iba a ser manoseado por esos mismos togados que juzgaban a la chusma. ¿Justicia ordinaria? ¡Guácala!

Es más: cuando un alto funcionario del Estado asumía su cargo, sabía perfectamente que su único juez era la Corte Suprema. También sabía que sus sentencias no daban derecho al pataleo y, además, daban por descontado que la CSJ nunca iba actuar en su contra. Es decir, eran perfectamente conscientes de que el cargo venía con camioneta blindada, línea telefónica directa con el presidente e instancia única. Y a pesar de esto, o gracias a esto, aceptaban de plácemes el nombramiento.

El lío se armó cuando los intrépidos magistrados de la Corte Suprema tuvieron la osadía de meterse con el hijo predilecto del gran colombiano de la historia.

Sin embargo, como no hay mal que dure cien años, todo cambió y la Corte Suprema de Justicia comenzó a producir fallos condenatorios contra muchos aforados implicados en paramilitarismo, masacres, hechos de corrupción, etcétera. En un comienzo los reclamos de los afectados –muchos de ellos de la época del proceso 8.000, por ejemplo– no encontraron mucho eco y los condenados terminaban asumiendo sus culpas y cumpliendo sus penas, así fuera a regañadientes.

Durante el régimen de la seguridad democrática, cuando varios aliados de Uribe terminaron enredados con la justicia, la CSJ fue víctima de toda clase de persecuciones, interceptaciones ilegales, seguimientos y maniobras que buscaban minar su credibilidad. No obstante, los magistrados no se dejaron arredrar y en medio de las dificultades y en un clima adverso siguieron cumpliendo con su deber, tratando de hacer respetar la ley.

Pero el lío se armó cuando estos intrépidos magistrados tuvieron la osadía de meterse con Andrés Felipe Arias, el hijo predilecto, el heredero al trono, el llamado a recoger las banderas del gran colombiano de la historia. En ese momento, el uribismo en pleno, con el expresidente a la cabeza, se rebeló contra la justicia por una supuesta falta de garantías judiciales. De hecho, varios de sus colaboradores, por sugerencia del propio expresidente, terminaron prófugos de la justicia y se trasladaron a países como Panamá y Estados Unidos, para eludir la acción de los tribunales colombianos.

Uribito hizo lo propio y después de cinco años fugitivo en Estados Unidos –donde la justicia gringa no le creyó la fábula de ser perseguido político y le negó el asilo– regresó extraditado a Colombia y ahora busca a punta de tutela una segunda instancia, solicitud que debe ser resuelta de aquí a mañana por la Corte Constitucional.

Confiado en una decisión a su favor, Uribito pretende ahora definir los requisitos para los nuevos jueces que revisarían su caso, los cuales deben reunir unas condiciones que –en las amables entrevistas que le han hecho– él se ha dedicado a enumerar, de modo que colmen sus expectativas. En resumen, no solo quiere que se le otorgue su segunda instancia, sino que pretende escoger a su propio juez; uno que le garantice su inocencia y lo libre de todo mal. Como quien dice, un tribunal a su medida. O, mejor dicho, a la medida de Uribe.

Vladdo
puntoyaparte@vladdo.com

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