Tan distintos y tan parecidos

Tan distintos y tan parecidos

En una sociedad menos primitiva la diversidad de pensamiento debería ayudarnos a crecer como nación.

Por: Vladdo
11 de agosto 2020 , 09:25 p. m.

El agite que ocasionó la noticia de la detención de Álvaro Uribe opacó por completo otra información que en condiciones normales habría producido algún impacto en el ámbito político: la admisión de una nueva demanda de pérdida de investidura contra Gustavo Petro, anuncio que se produjo en el Consejo de Estado el mismo día que la Corte Suprema de Justicia ordenó el arresto domiciliario del jefe del Centro Democrático.

Si la CSJ no hubiera tomado esa decisión contra el expresidente, la semana pasada no habría estado marcada por las protestas, los pitos y las acusaciones de politización de la justicia por parte del Centro Democrático sino por las de la Colombia Humana; pues al fin y al cabo los militantes de una y otra filiación política reaccionan con métodos muy similares cuando les tocan a sus procelosos líderes.

De hecho, en los últimos días, los adeptos del expresidente, nublados por la indignación, no solo se han dedicado a difundir toda clase de cuestionamientos contra la CSJ, sino que en su pretensión de limpiar su nombre y rescatar su honra han echado mano de conceptos como resistencia civil, desobediencia ciudadana, persecución política, injusticia, tutelatón, plantones y otras ocurrencias ‘desestabilizadoras’ que hasta hace poco se consideraban patrimonio exclusivo de los mamertos.

En su pretensión de limpiar el nombre de su jefe, los uribistas están echando mano de conceptos y consignas que hasta hace poco se consideraban patrimonio exclusivo de los mamertos.

En columnas de opinión, espacios de debate en radio y televisión y, por supuesto, en redes sociales, seguimos viendo a los uribistas recurriendo a consignas idénticas a las que nos tenían acostumbrados quienes se sentían excluidos; los marginados del poder, aquellos históricamente ignorados por el establishment. La gran diferencia es que en las actuales circunstancias quienes protestan, los que llaman a la movilización popular, a tomarse las calles cual descamisados peronistas, son los mismísimos compañeros de filas del Presidente de la República. Pero la cosa no se queda en una simple paradoja, sino que tiene unos alcances que, aunque sutiles, no dejan de ser inquietantes.

La decisión de la CSJ contra Uribe, si bien no desembocó en un nuevo 9 de abril, es un capítulo más dentro de esa contienda ideológica de baja intensidad en la que estamos inmersos hace un buen tiempo y que se ve reflejada en conflictos familiares, relaciones rotas, pleitos domésticos y hasta en controversias profesionales que no tienen ninguna justificación. Y, en medio de la polarización en que nos encontramos, algo similar podría ocurrir con una eventual pérdida de investidura de Petro.

Claro que, pensándolo bien, en una sociedad menos primitiva que la nuestra la polarización per se, como confrontación argumental, no debería ser la causante de esta irritación colectiva que por ratos parece dominarnos. Al contrario: la diversidad de pensamiento debería ayudarnos a crecer como nación, pero para llegar a eso necesitamos ser mucho más tolerantes frente a los puntos de vista de los demás; llámense padres, hermanos, parejas, amigos, colegas, vecinos o lo que sea... Yo no entiendo en qué momento llegamos a este punto, en el cual hasta una mínima discrepancia termina convertida en una ofensa imperdonable, en una cuestión de honor.

¿Deben pesar más las desavenencias conceptuales que los vínculos personales? ¿Es lógico que individuos aparentemente estructurados e inteligentes echen a perder relaciones de años por una disputa partidista? ¿Hay algún político por el cual valga la pena que uno rompa los lazos con su propia familia? ¿Es lógico que, después de muchos años, personas que se quieren terminen odiándose por culpa de un caudillo que ni siquiera conocen? ¿Tiene algún sentido que amigos de vieja data dejen de hablarse de un momento a otro porque tienen opiniones encontradas sobre un Petro o un Uribe? Definitivamente, no.

Vladdo
puntoyaparte@vladdo.com

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