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Sin Antonio

Sin Antonio

Muchos integrantes del establishment criollo no toleraban que uno de los suyos fuera tan insolente.

Por: Vladdo
14 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Es una suerte ser contemporáneos de Gabriel García Márquez, Shakira o Lionel Messi, y poder ver cómo, con un talento extraordinario, ellos abren de par en par las puertas de la historia. De hecho, gracias a las redes sociales muchos internautas y lectores pueden seguir al minuto la vida de algunos de estos genios, que comparten detalles muy personales, y a veces demasiado íntimos, con sus seguidores, lo cual les hace perder a estos la perspectiva.

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Es comprensible que ciertos ídolos quieran estar en contacto con sus fans, pero ese privilegio puede ser contraproducente, pues en medio de tanta cercanía no tenemos conciencia de que esos personajes que vemos a diario se están inmortalizando sin que nos demos cuenta.

Creo que esto último es lo que ha pasado en Colombia con la muerte de Antonio Caballero, a quien, pese a su timidez, hasta hace poco leíamos en Los Danieles, veíamos en YouTube o escuchábamos en la radio. El país todavía no sabe lo que perdió con su muerte. Y digo “el país” porque su ausencia no sólo se va a sentir en el periodismo, sino en la literatura, la crítica de arte, la caricatura, la historia y demás campos en los cuales Antonio se movía con absoluta propiedad, gracias a su mirada original, a su pluma afilada, a su inquietud intelectual y a su independencia inquebrantable.

Aparte del cubrimiento en los medios, la relativa indiferencia con la que se ha tomado la partida de alguien tan importante como Caballero puede deberse a varios factores, empezando por la incomodidad que le producía a buena parte de la élite intelectual, política y social de la cual él mismo provenía, y a la que convirtió en blanco de sus dardos envenenados con agudeza e irreverencia.

Por otra parte, aunque era muy liberal, en el sentido extenso de la palabra, Antonio nunca se casó con dogmatismos; no creyó en caudillos ni en adalides intocables ni en portadores de la verdad absoluta, motivo por el cual, desde las toldas de la izquierda más extrema y miope trataban de descalificar las opiniones que no les convenían, tachándolo de burgués o de tibio.

Aunque era muy liberal, Caballero nunca se casó con dogmatismos; no creyó en caudillos ni en adalides intocables ni en portadores de la verdad absoluta.

Antes de conocer a Antonio, leía sus artículos y sus caricaturas en la Alternativa original, sin llegar a sospechar que algún tiempo después iba a tener la fortuna de compartir páginas con él durante muchos años en Semana, hasta noviembre del año pasado, cuando se produjo nuestro retiro de esa publicación.

También estuvimos hombro a hombro en la fugaz revista Mamola, compartimos incontables encuentros sociales y de trabajo, fue colaborador esporádico de Un Pasquín y conversábamos de vez en cuando por teléfono, aparato al que por cierto no era muy aficionado, porque lo suyo era hablar cara a cara, con su voz tenue, en largas ‘paliqueadas’ salpicadas de comentarios ácidos y apuntes de hombre ilustrado, con extraordinaria memoria. Además, con un pequeño grupo de colegas y amigos, estábamos trabajando los últimos meses en un nuevo proyecto periodístico que ahora, con mayor razón, tendremos que sacar adelante.

Coincidíamos en muchas apreciaciones sobre la vida, el mundo y la política, pero hubo dos cosas en las que jamás logramos ponernos de acuerdo: su animadversión hacia Álvaro Gómez, de quien siempre fui admirador, y su afición por las corridas de toros. No obstante, nuestras discusiones nunca pasaron de unas pullas de doble vía y, pese a que detesto la tauromaquia, siempre leía sus crónicas taurinas, solo para disfrutar esa prosa impecable que ya me empieza a hacer falta.

Además de su inteligencia, extrañaré ese humor cáustico que sacaba a relucir, tanto en sus escritos como en sus dibujos, de una manera natural; sin estridencias, pero también sin compasión.

La prensa colombiana no va a ser la misma sin Antonio. Y este país tampoco. Así muchos no se quieran dar por enterados.

VLADDO
puntoyaparte@vladdo.com

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