¿Podremos ir en paz?

¿Podremos ir en paz?

En 2016 muchos prelados optaron por una conveniente y nada convincente “neutralidad”.

Por: Vladdo
10 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

Si los altos jerarcas de la Iglesia católica colombiana se hubieran jugado a fondo por el proceso de paz, otra hubiera sido la suerte del plebiscito de 2016 y otro sería hoy el ambiente político y social del país. Y cuando hablo de esos prelados me refiero al conjunto de cardenales, arzobispos y monseñores que –salvo por unas honrosas excepciones– optaron por una conveniente y nada convincente ‘neutralidad’, justo en momentos en que se jugaba nada menos que la paz de la que tanto se habla en los púlpitos; de esa paz que tanto predicó Jesucristo; de la misma paz que con tanto ahínco ha defendido el papa Francisco.

Desde luego, sería injusto endosarle a la Iglesia toda la culpa de que ese triste 2 de octubre hubiera ganado el No, pero es muy probable que con su impulso y respaldo, el Sí hubiera recibido mucho más apoyo popular; sobre todo en aquellas zonas geográficas apartadas, donde la influencia del catolicismo es crucial. Era lógico que la Iglesia tuviera ciertas reservas relativas al contenido de los acuerdos firmados entre el gobierno de Juan Manuel Santos y los líderes de las Farc; eso no se discute, pues era imposible quedar conforme en un 100 por ciento con los términos de esa extensa y compleja negociación. Pero también había que reconocer la importancia del paso que se estaba dando al desmontar una organización ilegal que llevaba más de medio siglo alzada en armas.

Por eso carecía de sentido que en un momento tan importante de la historia, la Iglesia de nuestro país hubiera resuelto mirar para otro lado, lo cual no solo contradecía los más elementales preceptos cristianos (“mi paz os dejo, mi paz os doy”), sino que desatendía los reiterados llamados del papa Francisco a apoyar la paz y la reconciliación y a defender la salida negociada del conflicto más largo de nuestro continente.

Lo deseable sería que todos los colombianos, católicos o no, asumiéramos el reto de defender lo conseguido hasta ahora, gracias a los acuerdos de La Habana

Dirán algunos que la Conferencia Episcopal hizo varias declaraciones en apoyo a las negociaciones de paz, cosa en la cual pueden tener razón; pero no es menos cierto que para muchos, muchísimos católicos, dichas declaraciones se quedaron en letra muerta, porque desde los templos los pastores de la Iglesia fallaron cuando más tenían que guiar a su rebaño. Para colmo de males, hubo connotados feligreses que hicieron una descarada campaña en contra de los acuerdos de La Habana, escudados en las mentiras relacionadas con la dichosa ideología de género y en una mal planteada defensa de los valores familiares, cosas que nada tenían que ver con las negociaciones de paz. Es más: aunque parezca increíble, algunos católicos ilustres decidieron desatender los llamados papales por la paz, calificándolos como injerencia indebida en nuestros asuntos internos.

Por todo esto me parece muy valiosa y oportuna la carta que hace un par de días, al cumplirse dos años de la visita papal a Colombia, el movimiento Defendamos La Paz (DLP) le envió al sumo pontífice, para invitarlo, entre otras cosas, a “velar por el Acuerdo y el proceso de paz” y a observar “el cumplimiento e incumplimiento de la implementación de lo pactado”. A esta petición se sumó monseñor Luis Mariano Montemayor –el embajador del Vaticano en Colombia–, quien en entrevista con este periódico dijo que compartía en parte el contenido de la misiva y, además, le dio un espaldarazo a la JEP e invitó a que “dejemos de torpedear, dejemos esta actitud de francotiradores contra el sistema de justicia transicional”.

Aunque espero que la preocupación de los integrantes de DLP sea escuchada por el pontífice y las palabras del nuncio apostólico no caigan en saco roto, lo deseable sería que todos los colombianos, católicos o no, asumiéramos el reto de defender lo conseguido hasta ahora. ¿Podremos ir en paz?

puntoyaparte@vladdo.com

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