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Nada está resuelto

Nada está resuelto

El uribismo y el petrismo se parecen más de lo que sus jefes y seguidores están dispuestos a admitir

Por: Vladdo
15 de junio 2021 , 09:25 p. m.

Faltando un año para las elecciones presidenciales, es más que evidente que, aparte del que sabemos, hay más de un dirigente político con un ojo puesto en el 2022. Esta campaña, que parece que hubiera empezado el mismísimo 7 de agosto de 2018, ya entró en su recta final con una nutrida concurrencia de candidatos de todas las tendencias, varios de los cuales ostentan algún título de ‘ex’: exalcaldes, exgobernadores, excongresistas, exministros, excomisionados y, cómo no, excandidatos presidenciales.

Por supuesto, hay algunos de esos aspirantes que uno no sabe si es que tienen demasiada fe en sí mismos o si es que están tan desconectados de la realidad que no se dan cuenta de que sus probabilidades de llegar a la Casa de Nariño son poco menos que nulas. Claro que viendo lo que hay hoy en la presidencia, varios de ellos deben estar pensando, y con no poca razón, “si Duque pudo, ¿yo por qué no?”. Y no es para menos. Al fin y al cabo, hace cuatro años, quién se iba a imaginar que ese muchacho risueño y simpaticón, que tocaba guitarra y dominaba un balón, iba a terminar llevando las riendas del país. Bueno, lo de “llevar” es un decir; ustedes entienden a qué me refiero...

No obstante, pese al amplio abanico de opciones y a que muchos dan por descontado que hay un candidato prácticamente inatajable, en este país un año puede ser una eternidad, y de aquí a la primera vuelta de las presidenciales pueden pasar muchas cosas.

En este país un año puede ser una eternidad, y de aquí a la primera vuelta de las presidenciales pueden pasar muchas cosas.

Al contrario de lo que muchos piensan, yo no creo que Gustavo Petro sea invencible. Es más: me parece que todo el bombo que le hacen en las encuestas y su excesiva figuración en las carátulas revisteras solo sirven para inflarlo y convertirlo en el adversario que el ‘furibismo’ necesita para aglutinar a sus seguidores. Al Centro Democrático le urge tener un ‘enemigo’ fuerte –y ojalá amenazante– que les ayude a validar el discurso del miedo, tal y como ha ocurrido en el pasado.

De ahí la estrategia de endosarle al líder de la Colombia Humana la responsabilidad de los desmanes y el vandalismo de las semanas recientes. Tampoco es fortuito salir a declarar alegremente que detrás de las alteraciones del orden público está la mano siniestra de Nicolás Maduro, a quien, por supuesto, vinculan directamente con Petro en la promoción del caos; como si en este país no hubiera ‘guerrillos’, ‘paracos’, narcos y un largo etcétera de actores interesados en revolver el río para salir de pesca.

Desde luego, en esta dinámica de sembrar miedo, lo único que les interesa a ellos es mantener vivo el coco del chavismo, para ofrecernos luego la salvación.

Pero el discurso mesiánico no es exclusivo del Centro Democrático. En la orilla opuesta no faltan las advertencias apocalípticas que, por supuesto, vienen con redentor incluido. Ayer nada más, en su cuenta de Twitter, Petro nos anunció el futuro que nos espera si él no es el elegido. “Si no deseas el cambio no votes por mí, si no deseas la paz no cambies el Congreso”. ¿Así o más dantesco el panorama?

Aunque los seguidores de uno y otro bando se molesten por la comparación, el uribismo y el petrismo se parecen más de lo que sus jefes y militantes están dispuestos a admitir. Más allá de los inris que sus caudillos llevan a cuestas, los dos saben que se necesitan mutuamente. Ya lo vimos en el 2018, y es a eso a lo que nos quieren empujar de nuevo el año entrante. A ambos les interesa debilitar el centro para poder pasar a la segunda vuelta y repetir la película, porque saben que en esa instancia un candidato de centro tiene altísimas probabilidades de ganar.

Y lo más preocupante es que Uribe todavía no ha empezado campaña. Quienes creen que sus bajos índices en las encuestas lo pueden afectar olvidan que el exmandatario es un monstruo de la comunicación y un batallador incansable. Para bien y para mal.

Vladdo
puntoyaparte@vladdo.com

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