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Lecciones olímpicas

Lecciones olímpicas

Vale la pena rescatar algunas enseñanzas y anécdotas de estas competencias.

Por: Vladdo
03 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

Aunque en estos juegos olímpicos los resultados han sido menos favorables para la delegación nacional que en oportunidades anteriores, los colombianos deberíamos estar orgullosos y agradecidos por el esfuerzo de nuestros atletas.

Como se ha dicho en otras ocasiones –de forma jocosa pero no por eso menos cierta–, “con Juan Manuel Santos estábamos mejor”, pues en Londres y Río de Janeiro nuestros atletas quedaron mejor ubicados en el medallero general, pese a que en el gobierno anterior no existía el Ministerio del Deporte.

Yo les dejo a los especialistas el examen de las causas de este retroceso. De hecho, buena parte de estas ya fueron analizadas ayer en un completo informe publicado en la web de este periódico. Por lo tanto, prefiero rescatar algunas enseñanzas y anécdotas de estas competencias, que tienen que ver con nuestros compatriotas y con deportistas de otros países.

Para empezar, quiero referirme a la gesta de Sifan Hassan, la corredora de los Países Bajos que sufrió el martes un percance cuando competía en la carrera de clasificación en los 1.500 metros planos. En la última vuelta, y a 400 metros de la meta, ella no pudo esquivar a la rival de Kenia, quien perdió el equilibrio, y ambas terminaron en el piso.

La caída, aunque no fue muy aparatosa, parecía un escollo insalvable en una competencia de esta índole. Sin embargo, Hassan no solo se levantó, sino que a grandes zancadas fue recuperando terreno hasta cruzar la línea de llegada en el primer lugar de la serie clasificatoria. Toda una lección en estos tiempos en que la vida nos ha enseñado el valor de volverse a levantar después de derrumbarse.

Al margen de medallas y escalafones, a los atletas que viajaron a Tokio sólo cabe decirles: ¡Gracias, muchachos!

Otro episodio muy emotivo fue el que protagonizaron Mutaz Essa Barshim, de Catar, y Gianmarco Tamberi, de Italia, quienes competían en salto alto. Al final de la prueba en la que se disputaba la medalla de oro, y en vista de que los dos quedaron empatados en 2,37 metros, el juez les preguntó si querían tratar de desempatar o preferían dividir honores. De manera espontánea, en un gesto que los enaltece, los dos optaron por dar por concluida la ronda y compartir la insignia dorada. Tras la decisión, ambos se fundieron en un abrazo, antes de enfundarse las banderas de sus respectivos países. Tremendo ejemplo de generosidad y juego limpio.

Volviendo al ámbito nacional, y más allá de las alegrías que nos han dado figuras como Mariana Pajón, consagrada en tres citas olímpicas consecutivas, o Caterine Ibargüen, que culmina su carrera olímpica en medio del aplauso general, hay otros deportistas que merecen una mención especial.

Me refiero a tres atletas que sin ser colombianos de nacimiento nos representaron con mucha dignidad en la capital nipona. La primera es Melissa González, de Estados Unidos y con papá caleño, quien participó en 400 metros vallas. En segundo lugar está el español Ángel Hernández, hijo de colombianos, quien compitió en gimnasia de trampolín, y que, junto a su familia, lleva varios años empeñado en dar a conocer en nuestro país esa disciplina, que aquí era prácticamente desconocida. Y el último es Vincent Pelluard, el bicicrosista francés, casado con Mariana Pajón, que pedaleó en Japón como un colombiano más.

Aunque ninguno de los tres logró llegar al podio, fue satisfactorio ver cómo ellos, al igual que el resto de nuestra delegación, se jugaron a fondo para hacernos soñar por momentos con la gloria olímpica.

En fin, al margen de medallas y escalafones, y de los correctivos que deben hacer tanto el Gobierno como el Comité Olímpico Colombiano y las federaciones para enderezar el rumbo, hay que subrayar que el hecho de llegar a Tokio ya constituía un triunfo. Así que solo nos resta decirles a todos nuestros atletas: ¡gracias, muchachos!

VLADDO
puntoyaparte@vladdo.com

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