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La Nacional, más que una librería

La Nacional, más que una librería

Incluso si uno no encuentra lo que busca en la Nacional, puede hacer interesantes descubrimientos.

Por: Vladdo
28 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Desde que tengo memoria, ir a la Librería Nacional ha sido siempre un rito, pues la gracia de pasar por alguna de sus sedes no está en el simple hecho de llegar a preguntar por un libro, pagarlo y salir a la carrera. No; entrar a una librería no es lo mismo que llegar a un banco o al consultorio de un dentista, lugares a los cuales uno nunca quisiera meterse y de los que siempre quiere huir a toda prisa.(Lea además: La insoportable neutralidad)

Y en el caso concreto de una visita a la Nacional, lo que vale la pena es recorrer sus pasillos, ver las novedades, los volúmenes clásicos, los más vendidos, los tomos de una colección, los de gran formato, los textos raros o las ediciones de lujo. Incluso, en no pocas ocasiones, cuando uno no encuentra lo que busca, en lugar de decepcionarse, termina haciendo nuevos hallazgos con autores, temas o publicaciones que no tenía en el radar y que resultan convertidos en interesantes descubrimientos.

Cuántas veces no hemos ido a comprar una obra y acabamos llevando otra, que nos conduce a otra más, y así sucesivamente, en un círculo (no) vicioso que nos ha ayudado a expandir nuestra mente y abrir las entendederas. Debe ser esta la razón por la cual casi nunca salgo invicto de una librería.

Corriendo el riesgo de que me cataloguen como dinosaurio o me tilden de antiecológico, tengo que decir que un libro electrónico –por muy práctico que sea y a pesar de todas las ventajas que ofrece– no logra despertar en mí el mismo entusiasmo que un documento impreso. Leer un ejemplar de papel es una experiencia que empieza por la vista, continúa con el tacto y se complementa con el olfato y el oído, para producir un coctel de sensaciones únicas e indescriptibles, que no tienen nada que ver con la frialdad de leer un simple PDF. ¡Gas!

Pero la Nacional no solo es un lugar para encontrarse con los libros. Allí también es posible curiosear, verse con amigos, conversar con esos empleados que siempre nos tienen una recomendación, e incluso saludar a otras personas, así sean desconocidas pero que comparten con uno las aficiones bibliográficas.

Aunque Felipe Ossa es un poco más uribista que yo, siempre me ha hecho sentir en su librería como en mi propia casa.

En este rápido recuento de lo que significa para mí esta librería hay un nombre que merece un capítulo aparte: el de Felipe Ossa, el bogotano más vallecaucano que uno puede conocer y quien a lo largo de seis décadas ha sido su timonel. Y aunque, al igual que todos sus clientes, siempre he contado con la eficiente asesoría de Felipe y sus colaboradores a la hora de comprar libros, al referirme a él no me voy a detener en sus reconocidas dotes de librero, de las cuales ya se ha hablado con profusión los últimos días.

Llegado a este punto, tengo que decir que si hubo algo que nos permitió establecer desde un comienzo un vínculo muy especial fue la gran afición de Felipe a los cómics y a la caricatura. De hecho, casi todas sus acertadas sugerencias reposan hoy en mi biblioteca.

Por otra parte, debo admitir que, a pesar de que Felipe es un poco más uribista que yo, siempre me ha hecho sentir en su librería como en mi propia casa; no solo como comprador y lector, sino como autor. De hecho, en temporadas de firma de libros, como las de fin de año, hemos compartido con otros autores largas sesiones que por fortuna siempre se hacen más llevaderas gracias a unas generosas dosis de agua rebajada con whisky, para atenuar el sabor del cloro.

Al llegar a la página de los 80 años de fundación, solo me queda desear que esta obra tenga todavía muchos capítulos más, pues repasar esta historia es recordar también una parte de la vida de uno. Y no cualquier parte, sino una muy importante que va más allá de la lectura y en la que se mezclan recuerdos, complicidades, regalos, anécdotas, sonrisas, estudios, romances, afanes, placer, camaradería y trabajo, que hacen de la Nacional mucho más que una librería.

VLADDO
puntoyaparte@vladdo.com

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