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La insoportable neutralidad

La insoportable neutralidad

Ni los escritores ni artistas ni los periodistas somos los llamados a escribir la historia oficial.

Por: Vladdo
21 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Es muy triste ver cómo la torpeza del embajador de Colombia en España, sumada a la miopía de la Cancillería, terminaron boicoteando el homenaje que la Feria del Libro de Madrid nos había preparado. Es difícil entender que –por cuenta de un fanatismo hirsuto– lo que debió haber sido una fiesta de la literatura y las artes en general, terrenos en los cuales tenemos tanto que mostrar, se transformó en un motivo de escándalo y de burla en medios políticos, periodísticos y culturales aquí y en el exterior. Sin más ni más, tiramos por la borda una gran oportunidad de brillar en uno de los eventos culturales más importantes de Iberoamérica.

(Lea además: Sin Antonio)

¿Cómo fue posible que un diplomático que representa a todo un país pretendiera ponerle límites a la participación de ciertos escritores, escudándose en una supuesta neutralidad? ¿En qué cabeza cabe que el arte –y por extensión la cultura– tiene que ser neutral? En este sentido hay que tener en cuenta que así como hay escritores, escultores, cantantes, pintores o músicos que no se refieren en sus creaciones a los hechos de la actualidad y prefieren referirse en sus trabajos a “la humanidad entera, que entre cadenas gime”, hay otros que quieren dejar testimonios de su realidad circundante; y ambas opciones deben ser igual de válidas.

Así las cosas, al hacer una convocatoria a participar en una muestra, un taller o una conferencia en representación del país –sobre todo si se trata de un proceso financiado con dineros públicos–, el único factor que se debería considerar es la trayectoria de cada artista y la calidad de su obra; más allá de sus afinidades políticas. Sin embargo, en esta oportunidad, con ese llamado a una mal invocada neutralidad, el embajador de marras peló el cobre, al tratar de silenciar a aquellos escritores cuyas posturas critican o incomodan al Gobierno.

Y ese no parece ser un caso aislado en esta administración, pues con la prensa ocurre algo semejante. La cheveridad que hace cuatro años el candidato Iván Duque exhibía en espacios de radio y televisión era muy distinta de la actitud arrogante que ha adoptado como presidente. Para la muestra, ahí está su negativa a responder una pregunta que Daniel Samper Ospina le formuló para un especial informativo del Canal Caracol. Parece ser el precio que hay que pagar en este cuatrienio por negarse a ser un periodista ‘neutro’, como los que le simpatizan al actual inquilino de la Casa de Nari.

Con la cacareada neutralidad lo que se pretende es silenciar cualquier voz disonante que se atreva a cuestionar al gobierno.

Claro que si el ostracismo es la condena que toca recibir por no plegarse a los caprichos de un mandatario inflado de prepotencia, bienvenida sea, pues con la cacareada neutralidad lo que se busca es callar a los artistas, a los medios o cualquier voz disonante que se atreva a cuestionar las metidas de pata del régimen.

En el caso específico de los medios, se equivocan de palmo a palmo quienes, recurriendo a una tergiversada objetividad, pretenden que los periodistas asumamos una actitud pasiva e impoluta ante los acontecimientos, como si la cosa no fuera con nosotros; olvidando además que toda actividad intelectual –como lo es el ejercicio de informar o de opinar– es intrínsecamente subjetiva.

En otras palabras, la objetividad no existe. Lo que sí existen son conceptos como la independencia, el equilibrio y la transparencia, características que –junto al rigor, desde luego– deben acompañar todo trabajo periodístico. Y ninguna de estas cosas tiene que ver con esa neutralidad que al parecer anhelan los funcionarios o asesores palaciegos. Al fin y al cabo, ni los escritores ni los artistas ni los periodistas somos los llamados a escribir la historia oficial, ni a callar o a mirar para otro lado cuando se hacen las cosas mal. A menos, claro, que se trate de países como Cuba, Nicaragua o Venezuela, donde disentir es un delito.

VLADDO
puntoyaparte@vladdo.com

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