Es cuestión de delicadeza

Es cuestión de delicadeza

La integridad en la vida pública no es un tema de proporciones ni de instintos.

Por: Vladdo
28 de julio 2020 , 09:25 p.m.

En la antigua Colombia la delicadeza era un sobrentendido en la vida pública; ningún funcionario salía a pregonar a los cuatro vientos su honorabilidad o su transparencia. Eso se daba por hecho. Llegar a la burocracia oficial era un orgullo, los cargos del Estado no eran botines personales y el que la hacía de verdad la pagaba. Para la muestra está Marco Fidel Suárez, a quien hace casi un siglo le cayó el mundo encima cuando resolvió empeñar su sueldo y sus gastos de representación para repatriar desde Estados Unidos el cuerpo de su hijo Gabriel, víctima de la gripa española. Ese acto desesperado colmó la copa de sus adversidades y lo obligó a renunciar a la presidencia en noviembre de 1921, nueve meses antes de concluir su período.

Era, sin duda, una época en la que los escrúpulos estaban por encima de los intereses personales.

Para nuestro infortunio, de un tiempo acá las cosas en este país son, literalmente, a otro precio y pasamos de la antigua propuesta turbayista de “reducir la corrupción a sus justas proporciones” a plantear que “la corrupción es inherente a la naturaleza humana”, como decía Miguel Nule. La delicadeza no existe, y así nos va. Pero no, la integridad en la vida pública no es un tema de proporciones ni de instintos; y los casos abundan.

Pese a sus errores, hay quienes dejan de lado la arrogancia, el cinismo y las leguleyadas, y entienden la importancia del verbo renunciar.

Por ejemplo, en marzo de 2011, el ministro de Defensa de Alemania, Karl-Theodor zu Guttenberg, renunció luego de que el Süddeutsche Zeitung revelara que había plagiado parte de su tesis de doctorado en Derecho. Y aunque tenía un 70 % de respaldo en las encuestas, su popularidad no le alcanzó para contener las críticas que le llovieron cuando se supo que había copiado el 20 % de su trabajo de grado.

Más allá, en Japón, el titular de Economía, Isshu Sugawara, dejó el cargo en octubre de 2019, cuando un diario informó que el ministro, quien había sido elegido congresista en 2013, les había enviado regalos de pésame a varios de sus simpatizantes. En ese país, para evitar suspicacias por posible compra de votos, se prohíben los obsequios de bodas o funerales, a no ser que el funcionario los entregue personalmente. Una semana más tarde, también en Japón, el turno fue para el ministro de Justicia, Katsuyuki Kawai, quien dimitió porque su esposa, elegida al parlamento unos meses antes, fue denunciada por violar los topes de gastos en publicidad y también por darles regalos a sus electores. En rueda de prensa, Kawai adujo que había renunciado para evitar “perder la confianza de la gente” en el ministerio de Justicia.

A principios de este mes, en Nueva Zelanda, David Clark, ministro de Salud, presentó su renuncia luego de violar la cuarentena e irse a la playa con su esposa e hijos. Aunque Clark es un entrañable hombre de familia, en vez de decir que viajaría todas las veces que pudiera con su parentela, asumió su culpa: “Fui un idiota y entiendo por qué la gente está furiosa conmigo”.

Pero esto no solo pasa en el primer mundo. En gobiernos vecinos también hay quienes reconocen sus metidas de pata y obran en consecuencia. A comienzos de la semana pasada, en Costa Rica, renunció el director de Epidemiología del ministerio de Salud, Rodrigo Marín, quien aceptó que cometió un error al irse de paseo y sin mascarilla en yate, en plena cuarentena. Y en Chile, a mediados de junio, el ministro de Salud, Jaime Mañalich, dejó su cargo poco después de que se supo que una dependencia de su despacho manipulaba las cifras de muertos por covid-19.

Lo más destacable de estos ejemplos –que, por cierto, no son casos aislados– es que los implicados, dejando de lado la arrogancia, el cinismo y las leguleyadas, entendieron la importancia del verbo ‘renunciar’ y lo conjugaron en primera persona. Responsabilidad política, le dicen unos; delicadeza, la llamo yo.

Vladdo
puntoyaparte@vladdo.com

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