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El virus de la ‘presidentitis’

El virus de la ‘presidentitis’

Esta es una elección presidencial con un exceso de candidatos y una escasez hombres de estado.

Por: Vladdo
11 de enero 2022 , 08:00 p. m.

La larga lista de candidatos a la presidencia que tenemos en este país no es una señal de la buena salud de la democracia colombiana, sino una muestra más de lo descuadernada que está nuestra institucionalidad.

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De acuerdo con una nota publicada ayer en EL TIEMPO, en la actualidad hay unas 26 personas que sueñan con la jefatura del Estado, una cifra muy elevada para una democracia supuestamente seria. Y lo más grave es que a este número se llegó luego de una depuración, pues la lista inicial llegó a rondar la módica suma de 60 nombres. Sí: ¡sesenta! Háganme el bendito favor...

Como lo dice el mismo informe, es previsible que una vez se organicen las coaliciones y se lleven a cabo las consultas internas de marzo la cifra se reduzca, cosa que suena apenas lógica. En todo caso, tendremos que aguardar (y aguantar) para saber cuántos quedan a fin de cuentas para la primera vuelta; pero si fuéramos un país algo sensato no debería haber más de media docena de competidores por el primer cargo de la Nación. Ya veremos.

Son varias las razones que podrían explicar, aunque no justificar, esa explosión de ambiciones políticas, que ha derivado en la presencia de algunos personajes bastante pintorescos con ínfulas de estadistas.

En esta campaña, el dinero es más determinante que las ideas, las formas desdibujan el fondo y es más importante ser personaje que ser persona.

Por una parte, no hay ninguna duda de que la elección de Iván Duque en 2018 contribuyó en buena medida a la propagación de aspirantes que se ha visto en la antesala de esta carrera presidencial. Al fin y al cabo, si Duque –a pesar de su pobre hoja de vida– pudo llegar a la Casa de Nariño, muchos advenedizos pensarán que ellos también pueden lograrlo. Y razón no les falta.

Es que el triunfo del que dijo Uribe se convirtió en el mejor caldo de cultivo para que germinara y se propagara el virus de la ‘presidentitis’, que en algunos casos ha resultado más contagioso que el ómicron, tal y como se ha visto en los meses recientes.

El otro factor que ha incidido en esta eclosión de candidatos –la mayoría de ellos inviables– es la debilidad de nuestro andamiaje político. Si bien es cierto que la participación ciudadana no solo es sana sino fundamental en una democracia, también es verdad que, luego de discutibles reformas constitucionales, la informalización ha convertido a los movimientos y partidos en organizaciones de garaje, dirigidas por personas que dejan mucho que desear y que en nada se asemejan a los líderes políticos de hace unos años, que gozaban de cierto prestigio y credibilidad, así uno no compartiera su ideología.

En una época en la que cualquiera puede ser jefe de Estado o director de partido, esta pauperización de la cosa pública nos está conduciendo a una elección presidencial sin antecedentes, con un exceso de candidatos y una escasez de hombres de Estado, en una contienda en la que el dinero es más determinante que las ideas, donde las formas desdibujan el fondo y donde es más importante ser personaje que ser persona.

Solo queda esperar que aquellos que sobrevivan a las consultas y lleguen a la primera vuelta se dediquen a hacer una campaña tranquila, sin espacio para los insultos, en la que se acepten las reglas de juego y se comprometan –independientemente de cómo les vaya en las urnas– a respetar la decisión popular con gallardía, en vez de incurrir en conductas como las de Donald Trump o Keiko Fujimori, que se negaron a reconocer los resultados en sus respectivos países, porque no obtuvieron la victoria.

A su vez, el Gobierno y las autoridades electorales deben hacer todo lo que esté a su alcance para garantizar una elección confiable y unos escrutinios transparentes.
Y, para terminar, nosotros, los ciudadanos, debemos cumplir con nuestra parte, que es la más fácil, pero también la más importante: salir a votar. A propósito, ¿ya tienen inscrita la cédula? El plazo vence mañana.

VLADDO
puntoyaparte@vladdo.com

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