El regreso de los rusos

El regreso de los rusos

Putin es hoy es un interlocutor de peso no solo frente a EE UU sino ante la Unión Europea.

Por: Vladdo
07 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Admitir que una llamada desde Rusia frustró el plan para sacar a Maduro de la presidencia de Venezuela es reconocer el fracaso, otro más, en el manejo de la política exterior de Estados Unidos. Según el secretario de Estado, Mike Pompeo, Maduro ya estaba a bordo de un avión, listo para viajar a Cuba, pero el plan se frustró porque del Kremlin llamaron a disuadirlo.

El fiasco de la Operación Libertad eleva el perfil de Vladimir Putin como protagonista y estratega en el ajedrez geopolítico internacional, terreno en el cual se mueve como pez en el agua y donde le lleva una ventaja indiscutible al errático Donald Trump. De hecho, desde cuando llegó por primera vez al poder, en el año 2000, el antiguo agente de la KGB ha recuperado en buena medida la influencia rusa en la agenda global –dominada casi en exclusiva por EE. UU. tras la disolución de la Unión Soviética, en 1991– y de paso lo ha convertido a él en un jugador de respeto, frío y calculador.

Casualmente, ayer se cumplió el primer aniversario del nuevo juramento de Putin como presidente de Rusia, cargo que ocupará hasta 2024. El año pasado, en su cuarta investidura, la ceremonia fue menos estrafalaria que en anteriores oportunidades, pero no estuvo exenta de boato ni ostentación y contó con 6.000 invitados. En un breve discurso, Putin se comprometió a trabajar por la democracia y la prosperidad de su pueblo, y sin sonrojarse dijo, entre otras cosas, que “el desarrollo de Rusia debe basarse en una sociedad libre y democrática”, declaraciones poco creíbles de un dirigente que persigue sin tregua a los políticos de la oposición y a los medios críticos de su gestión.

Los intereses de Rusia en Venezuela no responden tanto a razones ideológicas como a motivaciones económicas.

Pero más allá de sus fronteras, el inocultable deseo de Putin de ser tenido en cuenta por las grandes potencias le ha dado resultado y hoy es un interlocutor de peso no solo frente a EE. UU. sino ante los líderes de la Unión Europea, con los cuales mantiene una relación más formal que cordial, debido, entre otros factores, a su negativa a permitir la ampliación de la UE o de la Otán, con la inclusión de países de la extinta Unión Soviética.

Ya sea con su presencia en Siria o con las incursiones fríamente calculadas en otras zonas de conflicto en Europa Oriental y en Asia, Rusia ha vuelto por sus fueros y desempeña hoy un papel protagónico en el plano militar, que, aunque no sea equiparable al que tuvo la Unión Soviética durante la Guerra Fría, sí da cuenta del tantas veces anunciado despertar del legendario oso pardo.

Pero Putin no se ha conformado con mostrar los dientes en aquellos escenarios tan turbulentos y ya es habitual verlo reunido con dignatarios de medio mundo, que, por convicción o pragmatismo, han entablado con él lazos de cooperación y abierto canales de comunicación que sin duda son seguidos de reojo por EE. UU. Para la muestra, está su reciente cita con Kim Jong-un en Vladivostok, que se desarrolló en un ambiente muy cordial, en claro contraste con la fallida cumbre Kim-Trump, realizada en Hanói en febrero y que terminó abruptamente y sin acuerdos.

Si a todo lo anterior sumamos los intereses de Rusia en Venezuela –que no responden tanto a razones ideológicas como a motivaciones económicas–, es apenas lógico que la resolución de la crisis venezolana tenga que pasar por Moscú, tal y como lo dejó entrever Pompeo, luego de la malograda defenestración de Maduro.

Independientemente del desenlace, la influencia del Kremlin en el patio trasero de EE. UU. es un trago amargo para Trump y un logro para Putin, que sigue empeñado en “aumentar la fuerza, la prosperidad y la gloria de Rusia”, tal y como lo prometió en su discurso de posesión el año pasado. Al fin y al cabo, la grandeza de un país no se recupera a punta de bravuconadas ni de mentiras por Twitter.

puntoyaparte@vladdo.com

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