El problema no es la polarización

El problema no es la polarización

Las controversias no son una novedad ni son nocivas para la sociedad.

Por: Vladdo
17 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

Fue un gran acierto de la Corte Constitucional aclarar que en casos de insultos u ofensas en las redes sociales, la justicia solo debe intervenir cuando se vulnere el buen nombre o la dignidad de las personas y que los controles –si es que se requieren– hay que realizarlos caso por caso, en vez de establecer ‘medidas preventivas’, que sin duda afectarían la libertad de expresión, lo cual nos pondría en la categoría de tiranías como Venezuela, Corea del Norte o Arabia Saudita, por citar unos ejemplos.

Por otra parte, teniendo en cuenta la susceptibilidad de cada individuo, es muy difícil establecer qué es una ofensa, pues este es un asunto muy subjetivo, que tiene que ver con el contexto de las discusiones, las personas afectadas y las palabras utilizadas. De hecho, lo que a muchos les parece un insulto, otros lo consideran una simple verdad o, incluso, un elogio. O viceversa. Si yo digo, por ejemplo, que Uribe suda, a los ‘furibistas’ puede parecerles que es una terrible afrenta, puesto que el expresidente no transpira, sino que emana sabiduría. Y si afirmo que alguna propuesta de Petro es populista, puedo herir la sensibilidad de la ‘guardia petroriana’, para la cual el discurso del senador solo refleja su preocupación por los más desfavorecidos.

Así las cosas, y con no poca razón, algunos se preguntarán si la libertad de expresión no tiene límites. Y la respuesta es: claro que tiene unos límites, y están contemplados en el Código Penal. Para empezar, nadie debe usar las redes –ni ningún otro medio de comunicación– para violar la ley; ni para hacer llamados al genocidio, a la guerra o a la violencia en cualquiera de sus manifestaciones; ni para difundir expresiones de odio ni actos de discriminación; ni para promover la explotación sexual de menores; ni para impulsar pirámides o realizar acciones fraudulentas, etcétera. En todos estos casos, es obvio que las autoridades deben intervenir y tomar las medidas apropiadas, sin que eso signifique socavar la libertad de expresión. Y lo mismo debería ocurrir cuando se publican calumnias o se propagan falsas noticias que puedan generar pánico o producir reacciones masivas que pongan en peligro a la comunidad.

La diversidad de opiniones, la confrontación de ideas y las disputas conceptuales son pilares de cualquier sistema que se precie de ser democrático

Sin embargo, una cosa es combatir en las redes sociales las infracciones de la ley y otra, proponer la erradicación de la controversia o de las críticas, así nos parezcan fastidiosas o subidas de tono. De un tiempo para acá se ha caído en la tentación de restringir las opiniones disonantes, con la supuesta intención de bajarle a la polarización, como si la disparidad de criterios o los desacuerdos fueran una novedad o, peor aún, como si resultaran nocivos para la sociedad.

Al contrario: lo que toca promover es la diversidad de opiniones, la confrontación de ideas, las disputas conceptuales, que son pilares de cualquier sistema que se precie de ser democrático. No es sino repasar los debates parlamentarios en las democracias más maduras para ver cómo las discusiones ideológicas, por muy acaloradas que sean, jamás derivan en atentados, ni en amenazas de incendiar el país ni en la exhibición de camisetas o pancartas con consignas amenazantes, por el estilo de ‘lo que es con Fulano es conmigo’.

El problema no es la polarización per se sino la forma como se tramita, y en este sentido les cabe una gran responsabilidad a los líderes políticos, pues son ellos los primeros llamados a apaciguar los ánimos y a contener a sus huestes cuando se detecten los primeros síntomas de incitación a la violencia o a las vías de hecho.

No hay que confundir un ‘debate sano’ –que es posible aun en medio de agrias polémicas– con una intención solapada de proscribir la diferencia e imponer un pensamiento homogéneo y un lenguaje anodino, al mejor estilo de las dictaduras.

puntoyaparte@vladdo.com

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