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El presidente errante

El presidente errante

El presidente actúa más como un adolescente en la excursión de grado 11 que como un mandatario.

Por: Vladdo
09 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

Según el diccionario de la RAE, la palabra 'errante' tiene dos significados. Por una parte, describe a una persona "que anda de una parte a otra sin tener asiento fijo". Y en su segunda acepción este adjetivo puede referirse a alguien "que yerra"; es decir, que comete errores. Por supuesto, no son términos excluyentes y la mejor prueba de ello la está dando Iván Duque, quien se encarga de demostrarlo siempre que puede, en sus correrías internacionales, que cada vez son más frecuentes y con un séquito más numeroso.

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Sin importar que se trate de un evento grande o pequeño, institucional o informal, improvisado o planificado, es inocultable el deleite que experimenta el señor Presidente en sus encuentros más allá de nuestras fronteras. El problema es que en medio del éxtasis no se da cuenta del papelón que hace, pues cuando él jura que está sacando la cara por el país, en realidad está poniendo en ridículo no solo su propia imagen sino la de 50 millones de colombianos que vemos impotentes cómo se convierte en el hazmerreír de la audiencia; incluso desde cuando era presidente electo, como le consta al rey Felipe VI.

Al repasar los viajes del mandatario por el mundo, resulta imposible entender cuál es la estrategia que hay detrás de su agenda exterior. De hecho, valdría la pena preguntarse: ¿hay alguna estrategia? A juzgar por las actuaciones del mismo Presidente, parecería que no. Los ejemplos abundan y su actual periplo por Europa y el Medio Oriente no es la excepción.

En concordancia con sus carencias en materia diplomática, el Presidente ha actuado más como un adolescente en la excursión de grado 11 que como un mandatario. No de otra manera se explica su afán por lagartearse una foto con Joe Biden, en la COP26, en Glasgow; ni su emoción, al tratar de congraciarse con los jeques de los Emiratos Árabes Unidos, en Dubái, a quienes, por cierto, no les reclamó por no tener elecciones libres ni por la falta de democracia.

Como si fuera poco, su performance en el Muro de los Lamentos, en Jerusalén, parecía un show digno de TikTok y no un acto de carácter espiritual. (En cambio, en el Santo Sepulcro, curiosamente, no lo vimos arrodillarse.)

Su ‘performance’ en el Muro de los Lamentos, en Jerusalén, parecía un show digno de TikTok y no un acto de carácter espiritual.

Las travesías –o travesuras– de Duque parecen seguir el patrón de las que hacía Julio César Turbay Ayala, magistralmente descritas por el columnista Klim: "Como presidente, resolvió seguir los impulsos de su vocación peregrina. No ha habido desde entonces sitio de la Tierra que no conserve la huella de sus trashumantes mocasines. Los viajes por el interior del país no cuentan aunque son muy frecuentes. La opinión, que ha sido conquistada por el deporte, los considera como simples prácticas de calentamiento".

Pero el irreverente Klim no se quedó ahí y resumió con su habitual maestría la gestión del antiguo inquilino de Palacio: "Ya como presidente, sin nadie a quien adular ni de quien depender, libre de compromisos y con el poder en la mano, hubiera podido realizar una gran tarea como gobernante desde la cima vertiginosa a donde lo exaltó su destino. No supo entender su gran responsabilidad, sin embargo, y prefirió seguir flotando a media altura, como un inmenso globo cautivo, sujeto a la plataforma de la mediocridad política con las amarras de los compadrazgos y el manzanillismo. No despegó. Eso hará que no deje, a su paso por la presidencia, una brillante obra de gobierno sino apenas una inmejorable guía de turismo. Es triste".

En efecto, esta situación hoy también es triste. Y no parece una simple coincidencia, dada la admiración que siente Duque por su venerado antecesor.

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Colofón.
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VLADDO
puntoyaparte@vladdo.com

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