Después del desastre

Después del desastre

Hoy, Estados Unidos comienza a darle la vuelta a una página vergonzosa de su historia.

Por: Vladdo
19 de enero 2021 , 09:25 p. m.

“Nos vamos... Cesan por lo tanto las razones de perturbación del orden público...”. Estas palabras –que bien podría pronunciar hoy Donald Trump, al culminar su nefasto período presidencial– se las puso el maestro Héctor Osuna a Julio César Turbay Ayala en una caricatura de despedida, en agosto de 1982, en la que aparece el exgobernante, ya de salida, valija en mano, en compañía del inefable general Luis Carlos Camacho Ley-va, con quien urdió y ejecutó el tenebroso Estatuto de Seguridad, a la sombra del cual se cometieron toda clase de violaciones de los derechos humanos.

No hay que ser politólogo para darse cuenta de que Turbay Ayala ocupa un lugar de dudoso privilegio en la galería de nuestros presidentes de más ingrata recordación; cosa que también podrán decir los gringos del saliente mandatario republicano, luego de su polémica gestión. La gran diferencia, sin embargo, es que mientras Turbay ‘sólo’ perjudicó a Colombia, los daños causados por Trump han dejado secuelas a lo largo y ancho del mundo, en naciones donde su ejemplo ha empoderado a charlatanes, populistas, nacionalistas, xenófobos y déspotas de todos los pelambres.

Así las cosas, su salida de la Casa Blanca trae una corriente de aire fresco no solo para un planeta recalentado, sino para Estados Unidos, país sumido en una crisis sin precedentes. El hecho de que en vísperas de una posesión presidencial Washington esté militarizada y numerosos estados se encuentren en alerta roja genera muchas dudas acerca de la pregonada solidez de la democracia más antigua de Occidente. Resulta inverosímil que una ceremonia que por tradición ha sido una cuestión protocolaria, rayana en el aburrimiento, se haya convertido en un problema de orden público, como en cualquier república tercermundista.

La herencia que recibe Biden no se puede catalogar como una invitación al optimismo; a su administración le espera una tarea descomunal.

Y aunque parece insólito que algo así esté sucediendo en la primera potencia del mundo, todo empieza a tener sentido al recordar la calaña de personaje que la ha presidido desde 2017. De hecho, después de observar la magnitud del desastre que deja tras de sí el alicaído magnate, la llegada de Joe Biden al poder es como el despertar de una pesadilla en la que el 2020 se repitió cuatro veces, con pandemia y todo.

En consecuencia, la herencia que recibe Biden no se puede catalogar como una invitación al optimismo, pues a su administración le espera una tarea descomunal. En esta coyuntura, al desembarcar en el 1600 de la avenida Pensilvania, el veterano presidente se va a enfrentar a un panorama casi tan desolador como el que encontraban los bomberos de Nueva York al llegar a la Zona Cero, tras los atentados del 11 de septiembre contra el World Trade Center. ¿Por dónde empezar? ¿Cuántas víctimas hay? ¿A quién salvar primero? ¿Alcanzarán los recursos?

A partir del mediodía de hoy, cuando expire el perturbador mandato de Trump, Estados Unidos cierra un desastrado período político y comienza a darle la vuelta a una página vergonzosa de su historia. Un desafío de marca mayor para Biden. Qué dicha no estar en sus zapatos.

* * *

Colofón. No me explico por qué los contratos para la compra de unas vacunas tienen que ser manejados a la sombra de un secretismo extremo. ¿En qué momento el doctor Fernando Ruiz –que parecía tan sensato– se subió a ese tren de sigilo injustificado e inexplicable, como si se tratara de un asunto de seguridad nacional? ¿A cuenta de qué, el Contralor General de la República se presta para extender el manto de misterio sobre una transacción que debería ser de público conocimiento? ¿Qué pretenden ocultar? ¿No dizque este es el gobierno de la transparencia? ¿No sería más conveniente poner todas las cartas sobre la mesa, para saber a qué atenernos? ¿O es que, simplemente, no hay ningún convenio en firme?

Vladdo
puntoyaparte@vladdo.com

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