De mandatarios y mandaderos

De mandatarios y mandaderos

Los cambios de régimen propiciados a las malas por EE UU alrededor del mundo han sido un fiasco.

Por: Vladdo
05 de febrero 2019 , 07:00 p.m.

Después del desastre de la revolución bolivariana en un país marcado por una agobiante pauperización; una fallida política económica y social, que ha empujado al éxodo a millones de ciudadanos; una inocultable ineptitud del Gobierno y una desbordada represión, la imagen de Juan Guaidó autoproclamándose presidente interino ante miles de seguidores era una escena sublime.

Ese 23 de enero, minutos después de erigirse como mandatario ‘constitucional’ a sus 35 años, Guaidó recibió la bendición tuitera de Donald Trump, a la que de inmediato se sumaron casi todos los presidentes del Grupo de Lima, así como lo han hecho en los últimos días un creciente número de gobernantes de Europa y de otras regiones del mundo, como Australia.

Como es lógico, la euforia ha sobrepasado los límites del hermano país, y a este lado de la frontera Iván Duque, lleno de júbilo, se presenta, cual Churchill criollo, como un paladín de la democracia y no desperdicia ocasión para elevar el tono contra el sátrapa vecino y profetizar el fin del fin. “A la dictadura de Venezuela le quedan muy pocas horas”, dijo hace unos días, sin especificar qué entiende él por “pocas”.

La actual situación frente a Venezuela es producto de una estrategia definida y trazada en Washington desde la primera semana de Trump en el poder.

Y, aunque para muchos es encomiable el trabajo que Duque está adelantando para sacar de la encrucijada al ‘bravo pueblo’, lo cierto es que ni él es el gran estratega que algunos quieren pintar ni Guaidó ha sido tan espontáneo ni tan candoroso como se podría suponer. De hecho, ambos son unos correveidiles de la nueva diplomacia gringa que, al parecer, quiere anotarse en nuestro patio su primera gran victoria.

Si no me creen, pueden leer la serie de informes de El País de Madrid, donde queda claro que todo esto que estamos viendo es producto de una maniobra elaborada en Washington desde la primera semana de Trump en el poder; tarea en la cual sí han jugado un papel fundamental los congresistas Mario Díaz-Balart y Marco Rubio, anticastristas acérrimos, a quienes Trump les ha abierto de par en par las puertas de la Casa Blanca, convertida ahora en un nido de halcones.

También pueden repasar en las páginas de este diario la columna de ayer de Sandra Borda, donde advierte que el asunto de Venezuela todavía no es pan comido, que el tiempo está corriendo a favor de Maduro –pese al deterioro de su imagen– y que su defenestración no es tan sencilla como parece y podría, además, no ser tan efectiva.
De hecho, el pasado fin de semana en un artículo de Francisco Rodríguez y Jeffrey Sachs, publicado en The New York Times, ambos economistas se oponen a una solución forzada, sugiriendo que “los países vecinos de Venezuela deberían luchar por una negociación y un acuerdo en vez de buscar políticas en las que el ganador se lleva todo”. ¿Qué opinará Duque de este llamado a la sensatez?

En medio de este ímpetu belicista, es importante anotar que la internacionalista Sandra Borda, así como los analistas de El País y del NYT, coinciden en una apreciación: los cambios de régimen propiciados a las malas por EE. UU. en todo el mundo han sido un fiasco, tal y como se ha visto en Afganistán, Irak, Siria o Libia, donde los trasplantes de democracia han fracasado estrepitosamente.

A estas alturas del partido, es importante recordar que –así sea por prebendas, patriotismo o temor– Maduro cuenta todavía con un sustancial apoyo popular y, salvo contadas excepciones, con el respaldo de sus tropas, lo cual, sumado a la compinchería de países como Rusia o Turquía y la prudencia de China, puede darle oxígeno por un buen rato, a pesar de la fuerte presión internacional. Y, conociendo su talante primario y su manifiesta tozudez, es difícil pensar que en Venezuela se pueda producir una transición sin contar con él.

Además, si Trump negocia con los talibanes en Afganistán, ningún desenlace se puede descartar en Venezuela...

@OpinionVladdo

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