Controversias de alto vuelo

Controversias de alto vuelo

Es contradictorio que hoy, cuando tanto se habla de austeridad, se de tan mal ejemplo desde Palacio.

Por: Vladdo
12 de febrero 2020 , 02:49 p.m.

El viaje en un avión presidencial de María Juliana Ruiz de Duque con sus hijos y unos invitados a Panaca, en cercanías de Armenia, ha dado y va a dar mucho que hablar. Ayer fue el tema de innumerables chats y comentarios en las redes sociales y hasta de agitados altercados entre periodistas, discusiones que, dicho sea de paso, no dejaron muy bien parados a los protagonistas.

Sobra decir que esta no es la primera polémica que se desata en el país por el uso de aeronaves oficiales. Por allá en 1977, en el gobierno de Alfonso López Michelsen, fue célebre un vuelo que hizo a Europa el Fokker presidencial de la Fuerza Aérea Colombiana, que debía ser sometido al mantenimiento de rigor. El problema fue que varios allegados al primer mandatario terminaron viajando en ese avión al Viejo Continente, lo cual, desde luego, desencadenó toda suerte de críticas, en una época en la cual la información era más escasa, pero los escándalos más sonoros. Y aunque el asunto del ‘Fonsi Jet’ –como socarronamente lo bautizó el genial Klim– no pasó a mayores, la noticia fue bocatto di cardinale para columnistas y caricaturistas.

Otro que levantó una gran polvareda por los viajes presidenciales fue Julio César Turbay Ayala, pero no siempre por usar el avión oficial. De hecho, a mediados de 1979, la barahúnda se armó por una gira de varias semanas que hizo por Europa, acompañado de una nutrida comitiva, periplo para el cual utilizó el flamante Jumbo de Avianca, que era mucho más moderno que su trajinada aeronave de costumbre, cuya autonomía no le permitía realizar vuelos muy largos.

Claro que los presidentes no son los únicos que se ven envueltos en estas polémicas y el de la primera dama no es un caso aislado; pero eso no justifica semejante metida de pata.

Años después, en enero de 1994 y faltando poco para abandonar la presidencia, César Gaviria también armó su propio alboroto cuando mandó traer en el Fokker 001 a una comitiva de artistas vallenatos para celebrar el cumpleaños de su esposa, Ana Milena Muñoz –actual embajadora de Colombia en Egipto–. La delegación de los artistas traídos directamente de Valledupar la encabezaron Poncho y Emiliano Zuleta y Colacho Mendoza y, aunque Gaviria hizo pública la fotocopia del cheque con el que pagó de su propio bolsillo más de cuatro millones de pesos para cubrir los costos de la gasolina, la polémica fue inevitable.

Claro que los presidentes no son los únicos que se ven envueltos en estas controversias. En 2009, el todavía ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, estuvo en el ojo del huracán porque su hijo Martín fue transportado con algunos amigos hasta Anapoima en un helicóptero del Ejército. Meses después algo similar le pasó el ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, cuando varios familiares suyos fueron llevados en aeronaves oficiales hasta Caño Cristales, donde, según la versión oficial, estaban observando los avances de la Seguridad Democrática.

Y la historia no termina ahí. Para la muestra está el fiscal (e) Fabio Espitia, quien en días pasados viajó con su novia en el avión de la Fiscalía y en un helicóptero militar hasta el parque nacional de Chiribiquete, en plan de turismo.

Es evidente, pues, que el de la primera dama no es un caso aislado; pero lo que resulta contradictorio es que ahora, cuando tanto se habla de austeridad y de apretones, se esté dando tan mal ejemplo desde el palacio presidencial.

* * *

Colofón. En medio de las patadas voladoras, los golpes bajos, los insultos gratuitos y el matoneo que encuentra uno a diario en Twitter, resultan inspiradores los trinos que publica Dirk Janssen, exembajador de los Países Bajos en Panamá y quien, en perfecto español, comparte muchos datos sobre urbanismo, medio ambiente y sostenibilidad. Su cuenta es: @dirkjanjanssen; vale la pena seguirlo.

Vladdo

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