Secciones
Síguenos en:
Lo que el virus se llevó

Lo que el virus se llevó

Además de la pérdida de vidas, hay muchas secuelas más que todavía no alcanzamos a dimensionar.

Por: Vladdo
27 de abril 2021 , 09:25 p. m.

Aunque todavía es muy pronto para hacer un balance de los estragos que nos ha dejado la pandemia, es evidente que cada vez su impacto se siente más cerca. Hace un año largo, parecía que la cosa no era con nosotros. Las víctimas, los afectados directos, solo salían en las noticias, y muchos de ellos no tenían nombre ni cara; eran apenas un dato estadístico. Pero con el paso de las semanas y de los meses el círculo parece irse cerrando a nuestro alrededor, y ya empezamos a oír casos más cercanos de algún pariente, amigo o conocido que está en una UCI, o que simplemente murió, víctima del covid-19.

Y aunque la pérdida de seres queridos es un golpe muy doloroso, ha habido muchas secuelas más que todavía no alcanzamos a dimensionar en su justa medida, como el cierre de numerosos negocios y los millares de empleos perdidos, con el consecuente efecto no solo en los indicadores macroeconómicos, sino en la calidad de vida de buena parte de la población.

Salir a la calle se me ha convertido en un ejercicio de masoquismo, pues duele mucho ver clausurados tantos locales, a sabiendas de que de estos dependían muchos empleados que ahora deben estar viendo un chispero, y no pocos empresarios que perdieron sus inversiones de toda la vida.

Y si en las calles llueve, en las casas no escampa. Más allá de las condiciones laborales o la situación financiera, el encierro está ocasionando o exacerbando numerosos problemas emocionales como la ansiedad, la depresión, la irritabilidad, la desesperanza, el agobio o la impotencia derivadas de esta crisis que parece no tener solución a la vista.

Con un registro diario tan alto de víctimas fatales por cuenta del bicho, es imposible no contemplar la muerte como un escenario posible.

En una coyuntura como la que estamos atravesando, no todo el mundo tiene la misma capacidad de resistencia ni la flexibilidad para adaptarse a una vida para la que nadie estaba preparado, con el agravante de que está en juego nuestra propia supervivencia. De hecho, es difícil recordar otro momento de la historia reciente en el cual la idea de la muerte fuera algo tan cercano, sensación que se ha hecho aún más palpable en los últimos días; y no lo digo por dármelas de tremendista. Hasta hace poco, cuando hablábamos de la gripa porcina o del ébola, por estos lares nunca se nos ocurrió ni remotamente que podríamos contagiarnos, ni mucho menos la posibilidad de ir a parar al otro barrio. En cambio ahora, con un registro diario tan alto de víctimas fatales por cuenta del bicho, es imposible no contemplar la muerte como un escenario posible, así sea el menos deseable.

En un plano menos personal, también pareciera que el covid está haciendo de las suyas, pues a las afugias financieras, laborales y psicológicas que muchos padecen, ahora toca sumar la falta de sensatez que sufre nuestra clase política. Por un lado, es increíble ver cómo, en medio de esta situación tan complicada, el Gobierno resuelve promover una reforma tributaria tan desconectada de la realidad que no cuenta ni con el apoyo de sus más fieles aliados en el Congreso. En el mejor de los casos, el cacareado proyecto puede terminar convertido en una colcha de retazos, más nociva que efectiva.

Y, por otra parte, en un torpe rechazo a la malhadada iniciativa gubernamental, algunos sectores de la oposición convocan multitudinarias marchas, olvidando que los contagios y fallecimientos por coronavirus están a tope. ¿En qué cabeza cabe semejante estolidez? ¿Qué trabajo les costaba a los organizadores de las protestas callejeras posponerlas un par de semanas, si las discusiones en el Congreso apenas están arrancando? ¿Es más importante ganarle un pulso al Gobierno que pensar en la salud colectiva? ¿O es un duelo de intransigencia con el ministro de Hacienda?

Ojalá que el Gobierno acelere el ritmo de vacunación, antes de que el dichoso virus arrase también el poco sentido común que nos queda.

Vladdo
puntoyaparte@vladdo.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.