El problema no es la opinión

El problema no es la opinión

Es absurdo que el nuevo director de la BBC impida que sus reporteros se expresen en Twitter.

Por: Vladdo
08 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

Se equivoca el nuevo director de la BBC al prohibirles a sus periodistas opinar en Twitter. Esta desafortunada decisión –tomada por el señor Tim Davie en un desesperado intento por recuperar la imparcialidad de la cadena y recuperar algo de la audiencia perdida– ha puesto de nuevo sobre la mesa el infructuoso debate acerca del papel de la opinión en el periodismo y se ha convertido en tema de muchas discusiones, en las cuales todo el mundo se siente con derecho a participar, y con toda la razón, pues la información es un servicio de alto impacto y de consumo masivo.

Para sumarme a la conversación, me parece importante aclarar que la opinión y la información son temas que están estrechamente ligados, pero alrededor de los cuales hay muchas percepciones equivocadas. Para empezar, hay que tener en cuenta que para la audiencia de un medio, ya sea impreso, televisivo, radial, digital o multiplataforma, todo es información: desde las noticias desplegadas en primera página hasta el más pequeño de los anuncios, pasando por las crónicas, los editoriales, las caricaturas, los publirreportajes, los análisis, la pauta, la cartelera de cine, los clasificados, las secciones patrocinadas, las recetas de cocina, las cuñas, etcétera... De modo que la opinión no es una excepción: también es información; y muy importante por cierto.

En este punto vale la pena recordar que antaño, cuando la prensa de nuestro país era partidista y militante, los periódicos nada más publicaban opiniones de columnistas que comulgaran con su línea editorial. Por fortuna, hace varias décadas esa costumbre cambió y las páginas editoriales se convirtieron en un foro abierto en el cual convergen opinadores de los más variados orígenes y pareceres, que, al compartir sus puntos de vista con los lectores, les permiten a estos ver la realidad desde diferentes perspectivas y sacar sus propias conclusiones.

Sin embargo, en el hiperconectado y agitado mundo de hoy las opiniones ya no se quedan solo en los portales o páginas oficiales de los medios, sino que se han trasladado a las redes sociales, en las cuales se dan cita periodistas, gobernantes, legisladores, políticos, comentaristas y público en general, para discutir sin intermediarios muchos de los temas de cada día.

En el hiperconectado y agitado mundo de hoy las opiniones ya no se quedan solo en los portales o páginas oficiales de los medios, sino que se han trasladado a las redes sociales.

Así las cosas –y por muy encomiable que sea la búsqueda de la imparcialidad por parte del nuevo gran jefe–, resulta absurda la decisión de la legendaria cadena pública británica, al tratar de impedir que sus reporteros se expresen en Twitter; no solo porque esa medida va en contravía de la dinámica actual de los medios, sino porque viola el derecho a opinar, consagrado en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, donde dice: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Otra cosa es que dichas opiniones no sean transparentes o que se usen para obtener algún beneficio personal, casos en los cuales los periodistas estarían incurriendo en claras faltas profesionales. Pero esto mismo se debe tener en cuenta en todos los ámbitos y en todos los medios, pues es imprescindible que a la audiencia le adviertan siempre y con claridad cuándo le están informando, cuándo le están compartiendo una opinión y cuándo le están haciendo una promoción comercial.

Como se dice coloquialmente, la gente no es boba, y cuando esas líneas que deberían servir para diferenciar los contenidos se vuelven muy borrosas, surgen los malentendidos que terminan pasando costosas facturas en términos de credibilidad. El problema no es Twitter.

Vladdo
puntoyaparte@vladdo.com

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