Un país muy mal educado

Un país muy mal educado

En Colombia, el problema no es sólo con el inglés, sino con la educación en general.

Por: Vladdo
24 de noviembre 2020 , 09:25 p. m.

El 28 de noviembre de 1980 recibí mi título de bachiller. A mis 16 años, yo era un muchacho despistado, que no tenía muy claro qué quería hacer en la vida, aparte de dibujar. Lo único que sabía a ciencia cierta era que dos días después me iba para el ejército, a prestar el servicio militar, cosa que en efecto sucedió y que, luego de un año, me sirvió para concluir que no hay mejor cama ni comida que las de la casa.

El día del grado, hace 40 años, se atropellaban en mi cabeza muchos recuerdos de mis vivencias en el Inem Francisco de Paula Santander (coloquialmente conocido como el Inem de Kennedy), ese colegio en el que viví experiencias únicas. Fue allá donde hice mis primeras caricaturas y recibí mis primeras clases de alemán; donde leí mis primeros textos de filosofía y economía y tuve mi primer noviazgo, bastante fugaz, por cierto; donde tomé mis primeras fotografías y donde tuve entrañables amistades. De hecho, fue allí donde conocí a Gustavo del Castillo, quien se convirtió para mí en un hermano.

Aunque el Inem quedaba a una hora en bus desde mi casa de Chapinero, era un colegio al que yo iba feliz día tras día, así me tocara atravesar media ciudad, porque era un lugar espacioso, con una amplia biblioteca, un moderno laboratorio de idiomas, completos equipos para los experimentos de química, canchas de fútbol y básquet y gimnasios con una moderna dotación. Además, tuve unos profesores maravillosos, que no solo nos daban unas clases sino que nos ayudaban a forjar un pensamiento crítico, a analizar la realidad y a comprender mejor la sociedad. En resumen, eran maestros que informaban pero que también formaban.

Es urgente replantear todo lo que se está haciendo en este aspecto, ya que es evidente que la educación en Colombia deja mucho que desear.

Por eso hoy, cuando se habla tanto de reorientar la educación primaria y secundaria, de explotar las aptitudes, los gustos y las capacidades de los jóvenes, de prepararlos desde el colegio para que salgan del bachillerato con alguna formación técnica o semiprofesional, de darles herramientas para su inserción en el mercado laboral y se presentan otras iniciativas que nos pintan como ‘novedosas’, me atrevo a decir que en el fondo ninguna de estas teorías tiene mucho de nuevo. Es más: en el caso de la educación pública, al oír las quejas de alumnos, padres de familia y maestros, todo parece indicar que en vez de avanzar retrocedemos.

Según un informe publicado por este diario hace unos días, “Colombia se encuentra entre los países con peor nivel de inglés en el mundo”, noticia que no debería sorprendernos, ya que el problema no es solo con el inglés, sino con la educación en general. De hecho, el año pasado seguíamos de coleros en los registros mundiales de las pruebas Pisa (puesto 58 entre 79 países evaluados) y en la Ocde ocupamos hoy el penúltimo lugar, superando apenas a México.

Por supuesto, el fenómeno no es nuevo y cada vez que se conocen estos datos el gobierno de turno sale a decir que estamos menos peor que hace X o Y años, que la situación aquí es mejor que en tal o cual país y que ahora sí se van a poner las pilas para “enfrentar los retos que tenemos por delante”, que van a seguir aumentando el presupuesto destinado a la educación, etcétera... En fin, promesas y buenos propósitos que se queden nada más en los anuncios.

Y si en las aulas de secundaria las notas van mal, en las universitarias tampoco es que haya motivo como para echar voladores. En el escalafón de las mejores universidades del mundo, divulgado el mes pasado por la firma QS Quac-quarelli Symonds, las colombianas mejor ubicadas son la Universidad de los Andes, en el puesto 227, y la Universidad Nacional, en el 259, clasificación que más allá de representar un evidente motivo de preocupación debería llevarnos a replantear todo lo que se está haciendo en este aspecto, ya que es evidente que la educación en Colombia deja mucho que desear.

Vladdo
puntoyaparte@vladdo.com

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