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Al otro lado del pasillo

Al otro lado del pasillo

Recuerdo de una simpática conversación de dos paisanos en París.

Por: Vladdo
24 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

Hace muchos años, me encontraba en los suburbios de París, esperando el tren de cercanías para regresar a mi hotel, en el barrio XIV. Eran más de las seis de la tarde y el sol de verano caía en diagonal sobre los rieles y los andenes de la estación, iluminándolo todo con ese característico color naranja del ocaso.

Como a dos bancas de distancia, había una mujer que leía un libro, al parecer sin poderse concentrar, pues cada tanto levantaba la mirada para observar el entorno. Al cabo de unos minutos se le acercó corriendo un hombre joven, pero no tanto como ella, quien la saludó jadeante y hablando en perfecto español. Pese a que yo estaba a varios metros de ellos, alcanzaba a oírlos con toda claridad.

Todavía con la respiración entrecortada, el muchacho empezó la conversación tratando de disculparse. “Quiubo, mamita. Qué pena con usté, pero es que me cogió un poquito la tarde...”. “¿Un poquito?”, lo interrumpió ella, y prosiguió. “Mirá las horas que son. Llevo aquí todo el rato esperando como una boba”. “Pero mamita...”. “Qué mamita, ni qué nada, Albeiro; siempre me hacés la misma. Qué tal que juera yo la que lo hiciera esperar...”.

Después de reiterados intentos, Albeiro no conseguía el perdón de quien, evidentemente, era su pareja. Cada frase que él pronunciaba era de inmediato refutada con un contundente reclamo de ella, cuyo nombre fue reemplazado una y otra vez con un suplicante “mamita”. Pese a la manifiesta contrición, al reconocimiento de la culpa y a las múltiples promesas de no repetición, no hubo poder humano que la ablandara a ella, pues al parecer no era la primera vez que esto sucedía. “Siempre decís lo mismo y siempre me la volvés a hacer”, le repetía de manera muy enfática. En esas se la pasaron varios minutos, hasta que llegó el tren.

Ellos lo abordaron por una puerta y yo por otra. Quedé varias filas atrás. La discusión se interrumpió unos momentos, mientras nos acomodábamos en los asientos. Ella se sentó antes y se ubicó junto al pasillo, dejando libre el puesto de la ventanilla. Sin embargo, cuando Albeiro quiso ocupar esa silla, ella se lo impidió, obligándolo a sentarse al otro lado del corredor. “Hágase por allá lejos, que yo estoy muy brava con usté”.

Sin decir ni mu, seguí oyendo el altercado, que a mí me causaba gracia y que ya también llamaba la atención de otros pasajeros. Al muchacho había que abonarle que no se daba por vencido e insistía en disculparse con la joven, asegurándole que eso no volvería a pasar. Pero el discurso no la convencía.

Hoy en día, cualquier episodio cotidiano queda grabado en algún celular, hace explotar las redes sociales y puede convertir a sus protagonistas en ‘youtubers’ o en candidtaos al Congreso.

En un momento dado, él, con algo de ternura o ingenuidad, alargó su brazo hasta el otro lado del pasillo y trató de coger la mano de la mujer, quien se zafó con suavidad pero con determinación mientras lo increpaba con una frase memorable: “Soltame. Soltame, Albeiro, que ostaculizás el paso de los peatones”.

Al oír eso, no pude contenerme y solté una explosiva carcajada, que debió oírse en medio vagón. Ellos se quedaron estáticos unos segundos y se miraron mutuamente, y aunque no se preocuparon por mirar hacia atrás, me imagino que alcanzaron a caer en la cuenta de que alguien se había ‘pateado’ toda la discusión. En todo caso, a partir de ese momento se quedaron en absoluto silencio el resto del trayecto, hasta que se bajaron algunas paradas después.

Pese a que me quedé con las ganas de saber cómo terminó la discusión, luego de tantos años esta sigue siendo una de las anécdotas más simpáticas que recuerdo de un viaje. Por supuesto, si algo así sucediera hoy en día, el divertido episodio quedaría grabado en algún celular, haría explotar las redes sociales y convertiría a sus protagonistas en youtubers o en candidatos al Congreso.

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Colofón. Fui feliz cuando vi en vivo y en directo a Charlie Watts, quien hizo grandes a los Rolling Stones y muy felices a sus seguidores. Eternamente agradecido.

VLADDO
puntoyaparte@vladdo.com

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