Los adversarios de la sociedad abierta

Los adversarios de la sociedad abierta

No hay políticas generales en ninguna alta corte para responder a peticiones de información.

29 de septiembre 2018 , 11:57 p.m.

Cuando la humanidad era tribal y necesitaba protegerse del tigre, del rayo y de innumerables miedos del mundo primitivo, le convenía cerrarse para su seguridad y protección. Luego vino el espíritu de la racionalidad crítica que resquebrajó los muros de la sociedad cerrada y expuso a la humanidad a una experiencia nueva: el cuestionamiento, el juicio y eventualmente la rebelión contra lo absurdo o abusivo, con lo que se crea la sociedad abierta con seres libres y responsables.

Esta es la visión de uno de los siete grandes influenciadores del nóbel Vargas Llosa, el filósofo liberal vienés Karl Popper, quien durante la Segunda Guerra Mundial escribió 'La sociedad abierta y sus enemigos'. En ella, Popper defiende el acceso general y libre al conocimiento que además es provisional y falible, por lo que debe continuar abierto a puntos de vista alternativos y plurales.

La sociedad abierta de Popper genera una actitud crítica, que demanda constantemente información cuyo día mundial de acceso celebramos el pasado 28 de septiembre, analizando cuáles son los miedos tribales del siglo XXI. Para destapar estos miedos, en Dejusticia y en la Alianza más información, más derechos, hemos hecho evaluaciones parciales de la apertura de la información como materia prima en las tres ramas del poder público.

En la rama ejecutiva, logramos que la Presidencia, mediante una acción judicial, divulgara los criterios para la depuración de datos del antiguo DAS. Desafortunadamente, no hemos logrado que la fuerza pública, que sigue censurando, responda a las órdenes de los tribunales para divulgar información tan básica como un reglamento de inspecciones; o nos cuente, por ejemplo, si ha firmado acuerdos de cooperación de inteligencia con otros países, porque ni siquiera le da curso al recurso de insistencia ante los tribunales.

En un análisis hecho sobre las altas cortes a fines del año pasado, el Consejo Superior de la Judicatura demostraba algunos avances, pero con muchos enlaces rotos como el escenario de transparencia que ofrece la imagen de unas puertas que no abren. Además, no hay políticas generales en ninguna alta corte para responder a peticiones de información: cada magistrado decide si quiere contestar y cómo. Afortunadamente, la Corte constitucional se ha puesto a tono con la transparencia y ha creado un micrositio que, si bien podría estar más completo y actualizado, es un avance de la presidencia Linares que aspiramos continúe.

Finalmente, junto con Cuestión Pública, les pedimos a algunos congresistas sus declaraciones juramentadas de bienes y rentas y de conflictos de interés. Son documentos que están obligados a presentar y actualizar y que no tienen norma que los reserve, luego son públicos. Pero una cuarta parte de los senadores se negó a entregar los datos, alegando razones de intimidad y de seguridad y en la tutela se cobijaron en los jueces y magistrados que aún no aceptan la jurisprudencia de la Corte Constitucional, según la cual los ingresos de funcionarios y corporados son información de interés público que permite examinar si hay incrementos patrimoniales injustificados y luchar contra la corrupción. Más aún, los senadores Lara y Velasco, que bailaron el reguetón contra la corrupción, no fueron capaces de aclarar en el perreo que su compromiso contra la corrupción era parcial, pues la transparencia sobre sus propios bienes y relaciones no la incluían en el paquete de la consulta que pedía su divulgación proactiva.

Para Popper, el comunismo y el nazismo eran los miedos tribales del siglo XX que cerraron la sociedad de entonces. Los del siglo XXI incluyen falsas verdades, desinformación y censura en forma de diversas distracciones y formalismos como las de la fuerza pública o los senadores cerrados. Tenemos que seguir cuidando la apertura de nuestra sociedad.

VIVIAN NEWMAN
Subdirectora Dejusticia.org

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