¡Urge restaurar la justicia!

¡Urge restaurar la justicia!

Es oportuno, conveniente y útil mirar con atención la convocatoria de una “pequeña constituyente”.

26 de junio 2020 , 09:25 p.m.

Al mero rompe, como dicen los mexicanos, podría parecer un exabrupto, pero no lo es, decir que una pandemia de tan pavorosas características e impredecibles consecuencias como la que hoy azota a la humanidad debe servir para que este país vuelva a mirar bien su escueta realidad, a buscar su auténtica naturaleza, a tasar el exacto valor de sus instituciones.

O sea, a reconocer al verdadero Estado como insomne guardián de la vida colectiva, plena de hallazgos, riquezas y posibilidades, pero también, y sobre todo (qué pena), colmada de falencias, extravíos, corruptelas y bárbaras ilegalidades, en ascenso continuado e inimaginable desde los lejanos días en que nos hicimos ciudadanos.

Por tal razón, cuando entre las preocupaciones que a diario resaltan en el interés de los colombianos figura en primerísimo lugar todo lo relativo a la equívoca marcha de la Rama Judicial, uno tiene derecho a pensar que llegó la hora de reflexionar muy seriamente en este tema, de admitir que aquí no caben más disquisiciones filosóficas, de rechazar tanto discursos prosopopéyicos como reclamos abusivos y reparos inconsecuentes sobre la justicia, por años relegada al cuchitril de los trastos inútiles que muchos sectores del país desdeñan con pasión, para después exigirle resultados sin tasa ni medida.

Cuando en las primeras preocupaciones de los colombianos figura lo relativo a la equívoca marcha de la Rama Judicial, llegó la hora de reflexionar muy seriamente en este tema.

Así que, al contrario de tanta fantasía, perversión escrita y alegato mendaz como se estila en muchísimos estrados, despachos y barandas de la Rama Judicial, preciso es aceptar: que la ruptura infame de la estela de probidad y rectitud, otrora característica de nuestra administración judicial, no nació con el ‘cartel de la toga’ Bustos-Malo-Tarquino-Ricaurte.

Ni que el ‘preteltazo’ en la tutela aquella ha sido la única asqueante impunidad en predios de altas instancias. Ni que el presunto cuarteto Montealegre-Perdomo-‘Porcino’-Springer fueron los únicos defraudadores de la confianza ciudadana en una institución tan prestigiosa como la Fiscalía General de la Nación. Nada de eso. El libreto es inmenso; el elenco, numerosísimo, y la sola puesta en escena mediática, absolutamente imposible.

De modo que si hoy, como evocando la ronda infantil de otras épocas, algún ‘atenido’ estudiante de derecho preguntara, ‘¿estando la Rama quebrada, con qué se curará?’, alguien podría contestar, sin miedo a equivocarse, que sí, que es imperativo restaurarla, fácil y rápido:

1) Con la fulminante eliminación de las atribuciones electorales de las cortes.

2) Con la supresión definitiva, inmediata y total del Consejo Superior de la Judicatura, sin duda la más grande equivocación del Constituyente de 1991.

3) Con la reimplantación de la cooptación plena en la Corte Suprema y el Consejo de Estado.

4) Con el establecimiento de un estricto régimen disciplinario que sancione la intervención de toda injerencia política en la autonomía e independencia judicial.

5) Con el final absoluto de esa vagabundería llamada ‘vencimiento de términos’.

6) Con la prohibición de por vida para litigar a abogados incursos en falta grave o delito. Y poco más.

Puesto que volver por la rectitud, eficacia y oportunidad inherentes a la justicia no admite discusión, en este momento es oportuno, conveniente y útil mirar con atención y disponer en consecuencia la convocatoria de una “pequeña constituyente” como la planteada en estas mismas páginas por el exfiscal, exprocurador general y exministro Alfonso Gómez, quien conoce como pocos la materia en cuestión. Pero divulgarla ya, porque el 20 de julio el CD, comandado por la eximia senadora María Fernanda Cabal, presentará ponencia para primer debate sobre creación de su Corte Única...

Víctor Manuel Ruiz
vimaruiz@hotmail.com

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