Hacer memoria

Hacer memoria

Jamás como ahora se había requerido una reducción inmediata de las hostilidades.

06 de mayo 2019 , 07:10 p.m.

Todo nos nace y nos rehace en el recuerdo, porque vive en nuestro intelecto y es un privilegio que nos otorga haber vivido, para bien o para mal. Por eso, es saludable volver hacia aquellos horizontes abrazados, reflexionar sobre ellos, ante todo para no caer en el olvido y cometer los mismos errores del pasado, pues todos ellos han conformado las diversas épocas de nuestra vida. Personalmente, creo que es bueno para avanzar hacia lo armónico, hacer memoria a las órdenes del corazón; al menos para tomar conciencia de que cohabitamos hacia la cúspide de lo fraterno, si lo hacemos todo responsablemente. Quizás, sin este compromiso, no merezcamos existir. Porque, al fin y al cabo, uno ha de vivir con plenitud y dignidad. No olvidemos que nuestro paso perdura en la retentiva de los vivos; y, ciertamente, nuestra huella por este globo, a pesar de nuestra fragilidad, es la de oponernos al territorio de la crueldad, haciendo del amor hacia sí mismo y hacia los demás el supremo criterio de nuestro andar por la Tierra.

Por lo tanto, para crecer en humanidad hay que hacer memoria, justamente para ahondar en aquellas situaciones que nos cambiaron la vida. En consecuencia, a mi manera de ver, es todo un acierto celebrar jornadas de recuerdo y reconciliación, cuando menos para hacernos reflexionar y cambiar de rumbo ante esta atmósfera de violencias y violaciones permanentes que buena parte de la población mundial viene sufriendo. Ahí está el referente de Naciones Unidas y de otras organizaciones Internacionales, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, en lo que respecta a corregir sus secuelas, así como en materia de reconciliación, cooperación internacional y regional y promoción de los valores democráticos, los derechos humanos y las libertades fundamentales. No podemos continuar enfrentados, hemos de entendernos. La mano dura, que levanta muros y siembra terror, no es el remedio para el orbe desgarrado. Nuestra historia nos da el reflejo de que esta espiral de hechos fanáticos son destructivos, que el ojo por ojo hace que todos los moradores acabemos ciegos, que para hacer familia solo hay una solución: el cuidado de todos con la cooperación de cada cual, como primer paso hacia la justicia y la igualdad.

Realmente impresiona la actualidad; la escalada de realidades sangrientas no cesa, por lo que es de trascendental importancia hacer evocación de lo vivido en otros periodos, pues jamás como se había requerido una reducción inmediata de las hostilidades y que vuelvan las poblaciones a repensar sobre lo positivo que es llegar a acuerdos que nos sosieguen, ante este ambiente de guerras en diferentes países y continentes; terrorismo, criminalidad entre género y ataques de venganza impredecibles; abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata; devastación de la casa común… Hay que romper tantas cadenas injustas que necesitamos un plus de generosidad y un sol que nos purifique. Sálvese el que pueda. Ya en su tiempo, cuando la Madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz, en 1979, declaró claramente su mensaje de la no violencia activa: “En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la armonía, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros […]. Y entonces seremos capaces de superar todo el mal que hay en el mundo”. Porque la fuerza de las armas es engañosa. “Mientras los traficantes de armas hacen su trabajo, hay pobres constructores de vínculos que dan la vida solo por ayudar a una persona, a otra, a otra”; para estos constructores de la concordia, Madre Teresa es un símbolo, un ícono de nuestro tiempo.

Desde luego, son los pequeños gestos los que nos hacen grandes. Pensemos en esa gente desesperada que huye, que requiere de nuestro auxilio. Quizás tengamos que lanzarnos con ellos a pedir justicia, lo que exige de acciones muy concretas de todos; de ahí la importancia de una información transparente y fidedigna, pues hoy más que nunca se requiere crear instituciones justas e imparciales para que los líderes rindan cuentas y poder decirles la verdad a las autoridades. Por desgracia, en México se han encontrado casi dos mil fosas entre 2006 y 2016, casi una fosa cada dos días. Esto lo dio a conocer un colectivo de periodistas en el trabajo de investigación ‘El país de las 2.000 fosas’, que obtuvo el primer lugar del Premio Breach-Valdez de Periodismo y Derechos Humanos, entregado en dicha nación, recientemente, con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa. La maldita falsedad, o la verdad mal entendida que suele necesitar una legión de cómplices, suele corrompernos tanto que nuestras propias raíces de nuestra vida moral suelen estar complemente enfrentadas y podridas. Ojalá aprendamos a hablar claro y profundo, y en esto los medios de comunicación son esenciales, sobre todo en los procesos de conformidad y mediación dentro del actual contexto mundial. Dejándonos iluminar por la verdad seremos más libres y estaremos en mejor disposición de ser agentes de quietud, ciudadanos de verbo y acción verdadera. La apuesta de legar un futuro más sereno y más seguro a las generaciones venideras depende de todos nosotros. No cerremos las puertas a la esperanza. Hagamos memoria cada día y recapacitemos. Nos vendrá bien a todos.

corcoba@telefonica.net

*Escritor

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