Una paz disminuida

Una paz disminuida

Ojalá en el futuro no tengamos que enfrentarnos a unas Farc 2.0 fortalecidas gracias al narcotráfico

04 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

El retorno a las armas de un grupo liderado por tres excombatientes de las Farc, que se oficializó la semana pasada, nada tiene que ver con la implementación del acuerdo del Teatro Colón. Los alias Iván Márquez y el Paisa se apartaron de ese proceso casi desde el comienzo, siendo Juan Manuel Santos aún presidente. Y alias Jesús Santrich es prófugo de la DEA, no víctima de incumplimientos estatales.

No es creíble, por tanto, el argumento de que el rearme de esa banda se debe a fallas de este gobierno. Y tampoco es creíble el argumento que esgrimen algunos defensores del acuerdo, entendiblemente decepcionados por los acontecimientos, que dicen que la mejor forma de neutralizar esta nueva amenaza es cumpliendo a cabalidad los puntos pendientes de la implementación. Está bien que eso se haga, no lo discuto, pero es caso aparte, como decirle a un enfermo de cáncer pulmonar que deje de fumar. Ojalá lo cumpla, pero no lo va a curar ni va a eliminar la necesidad de tratamientos más pertinentes.

Es necesario que entendamos que la paz no es la ausencia de grupos armados en el territorio: eso es una consecuencia o manifestación de la paz. La verdadera paz es la capacidad de tramitar, sin acudir a la violencia, los conflictos y diferencias que son normales en toda sociedad. Ese trámite pacífico requiere una cultura de legalidad, es decir, reglas de juego justas y claras que hagan sentir a los ciudadanos que pueden confiar a sus instituciones la resolución de conflictos complejos. Por eso, acuerdos como el que firmamos con las Farc o los paramilitares, al tiempo que hacen avanzar la paz, pues hay un actor armado menos en el territorio, la socavan, pues se afianza una sensación de ilegalidad, de que el crimen paga, de que no todos somos iguales y le va mejor al que peca en grande que al que peca en diminutivo.

Con ‘Márquez’ se fueron varios de los guerreros más curtidos de las Farc... Con ellos se esfuma una de las principales justificaciones del acuerdo: la verdad

Eso explica también por qué el acuerdo con las Farc nos dividió tanto. Porque una parte del país solo veía lo primero: un grupo armado menos. Algo que, prematuramente, equiparaba con la paz. Y otra parte solo veía lo segundo: una violación de las reglas de juego. Algo que equiparaba con la impunidad, partera de nuevas violencias. Un pato o un conejo, el vestido azul y negro o blanco y dorado: dos visiones válidas pero incompatibles de un mismo objeto.

Con ‘Márquez’ se fueron varios de los guerreros más curtidos de las Farc, autores de crímenes como la bomba de El Nogal o el secuestro y la masacre de los diputados del Valle. Con ellos se esfuma una de las principales justificaciones del acuerdo: la verdad. Y quedamos ante una paz gravemente disminuida. La esperanza defraudada de las víctimas de esos hechos, que se quedarán sin saber la verdad sobre algunos de los episodios más atroces del conflicto, es una de las consecuencias más penosas de la conformación de la nueva célula ‘fariana’.

Las otras están por verse. Muchos analistas califican a este grupo de amenaza menor, juicio que me parece apresurado. Acudo a otra metáfora médica: pacífica, jurídica o militarmente, los grupos armados deben eliminarse, o se corre con ellos el mismo riesgo que con los antibióticos, que son peligrosos si se suspenden antes de tiempo, aun si ya nos sentimos mejor. Un tratamiento interrumpido elimina parte de las bacterias, pero deja activas a las más resistentes, que se reproducen y multiplican, generando una infección más virulenta que la original.

Ojalá, entonces, que en el futuro no tengamos que enfrentarnos a unas Farc 2.0 fortalecidas en hombres y armas gracias al nutritivo sustrato del narcotráfico y el amparo del régimen venezolano. Habremos modificado la Constitución, indultado criminales de lesa humanidad y comprometido las finanzas del Estado por muchos años, todo para seguir igual que antes.

@tways / tde@thierryw.net

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