Siempre dulce, nunca indulce

Siempre dulce, nunca indulce

Poner el azúcar al mismo nivel de las drogas duras es una hipérbole tendenciosa.

12 de junio 2019 , 07:00 p.m.

Mi nombre es Thierry, y tengo un problema. No me resisto a un Supercoco o una chocolatina Jet. Pero gracias al senador Gustavo Petro he logrado identificar el origen de mi condición. “¿Sabían ustedes –dijo el lunes en Twitter– que el azúcar es una droga mucho más dañina que la marihuana o la cocaína?”. De inmediato entendí que soy víctima de “una de las peores drogas de la historia de la humanidad”.

Seamos serios. Por más dañino que pueda ser su abuso, poner el azúcar al mismo nivel de las drogas duras es una hipérbole tendenciosa. Su consumo es mucho más extendido que el de aquellas, por supuesto, y por eso su impacto global es mayor, pero sus efectos individuales claramente son distintos. Nadie se enajena tras comerse un roscón. A uno no le quitan el carro por conducir bajo la influencia de la Coca-Cola. Un grupo de expertos consultados en 2017 por el muy progresista diario británico The Guardian calificó la hipótesis de que el azúcar es más adictiva que la cocaína de “absurda”.

Y es que los registros lingüísticos –como las drogas recreativas– no deben mezclarse. En el registro informal, si decimos ‘el cine para él es una droga’ o ‘Amanda es adicta al fútbol’, todos entendemos lo que eso quiere decir: que esas actividades ocupan un grado muy elevado en las preferencias de esas personas. No concluimos –saltando a un registro clínico– que el que va a cine siente taquicardia y sudores fríos cuando se acaba la película o que Amanda padece de síndrome de abstinencia cuando no puede jugar. Es legítimo expresarse de una u otra manera, según el caso, pero mezclar los dos registros en un mismo contexto solo sirve para confundir.

En la discusión absurda sobre si la sacarosa es peor que la cocaína, se perdió de vista que el azúcar también es una sustancia maravillosa, presente en los placeres más sencillos

Es preciso atajar esas tentativas deliberadas o inconscientes de enredar la pita, pues, como dijo Orwell, la precisión lingüística es un asunto político. De decir que el azúcar es adictiva –equiparándola a las drogas prohibidas– hay solo un paso a decir que el cultivo de caña es malévolo. Y, de ahí, un salto a decir que es perversa cualquier cosa que al senador no le guste y que encuentre el modo de satanizar.

¿Y qué cosa, acaso, no es mala consumida en exceso y, por tanto, satanizable? El azúcar, por supuesto, cuyo abuso causa diabetes, obesidad y otros males. También el alcohol. Y el pan. Pero también son nocivos el exceso de deporte, de trabajo, de juego o de pasividad. Hasta el exceso de lectura puede ser fatal, como lo ilustra un tocayo del senador Petro, Gustave Flaubert, cuya madame Bovary se extravía en la ingesta exagerada de novelas románticas. Y puede ser malo el exceso de bondad –pues no falta quien se aproveche de ella– y, sin duda, el exceso de soberbia.

Pero si todo en exceso es malo, no es menos cierto que muchas de esas mismas cosas, en su justa medida, son muy buenas. En la discusión absurda sobre si la sacarosa es peor que la cocaína, se perdió de vista que el azúcar también es una sustancia maravillosa, presente en los placeres más sencillos, asequibles e inofensivos de los que dispone la humanidad. Manchar de miedo y pecado la imagen inocente de un niño disfrutando un helado en una tarde de sol es casi como negar lo que tiene de bonito la vida misma.

Ahora, veo aquí una oportunidad de oro para los estrategas de marketing político. El senador Petro lidera el movimiento Colombia Humana y apela con frecuencia al ‘amor’, pero ha tomado una curiosa posición en contra de la dulzura, que es lo más humano y amoroso que hay. Si yo compitiera con su movimiento en unas próximas elecciones, me ubicaría en la orilla contraria: me declararía del partido de la miel, la malteada, el merengue y la milhoja. Prometería un gobierno, como diría J Balvin, siempre dulce, nunca indulce. Y me referiría al de mi adversario como el partido de la sal.

@tways / tde@thierryw.net

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