Pájaros de verano

Pájaros de verano

Esa subienda de talento demuestra que, a pesar de nuestro pesimismo cotidiano, hemos avanzado mucho.

31 de julio 2019 , 07:00 p.m.

Egan Bernal sabe algo que pocos saben: cómo se siente ganar un Tour de Francia. Pero no puede saber, pues su edad se lo impide, la alegría que nos produce a algunos ver a un colombiano alcanzar esa gloria tras 40 años de espera. Para eso tendría que haber pertenecido a una generación anterior, la que madrugó a ver a unos tozudos escarabajos, de un país que nadie conocía, disputarles la montaña a los europeos, amos y señores de la competencia. Con esporádicos triunfos que celebrábamos como si nos hubiéramos ganado la lotería.

Bernal representa una nueva era; representa, de hecho, un nuevo país. Las victorias deportivas en el viejo país eran gestas casi inhumanamente heroicas, simbolizadas por el rostro ensangrentado de Lucho Herrera desafiando los Alpes en 1985. Hoy, aunque el esfuerzo individual sigue siendo la razón del triunfo, es evidente que algo ha cambiado. La prueba de ello es que no solo en ciclismo de ruta estamos acumulando éxitos, sino también en ciclismo BMX, con Mariana Pajón; en tenis, con Cabal y Farah; en pesas, con Óscar Figueroa; en salto, con Caterine Ibargüen, y en otras disciplinas que omito por falta de espacio, para no hablar de tantos futbolistas colombianos fichados por los mejores clubes del mundo.

Y miremos más allá del deporte. ¿Quién de mi generación imaginó ver un día a un joven de Medellín cantando junto a Madonna? ¿Quién creería que otro se convertiría en uno de los artistas más influyentes del planeta? Maluma y J Balvin, entre otros, están prolongando el camino comenzado por Shakira y Carlos Vives y haciendo de Colombia una potencia mundial de la música popular del siglo XXI, como lo fue Cuba a mediados del XX.

Las inevitables omisiones –no he llegado al cine de Ciro Guerra, por ejemplo– confirman mi tesis: que estas no son golondrinas solitarias, de las que no hacen verano; este es el verano de verdad.

Mientras estábamos ocupados peleándonos por Uribe, Santos y las Farc, en la sombra crecía una generación de atletas y creadores a quienes por fin les llegó su turno al sol

El esfuerzo y la genialidad bastan a veces para explicar el éxito individual, pero el éxito generacional requiere explicaciones más amplias. ¿Qué cambió en las tres décadas que separan a Lucho Herrera de Egan Bernal?

En algo tenía que tener razón Carlos Marx; no podía equivocarse en todo. Su acierto fue entender que los valores, actividades y hasta sueños de una sociedad están determinados por las condiciones materiales de esta. No es coincidencia que esta bandada de golondrinas provenga de un país que dobló su PIB per cápita en lo que va del siglo (algo más o algo menos, según cómo se mida). Y en el que –como señaló el economista Adolfo Meisel en El Espectador– la estatura promedio de la población sigue en aumento: casi un centímetro más en las mujeres y 1,42 en los hombres entre 1985 y 2000. Ese indicador, sencillo pero elocuente, encierra en una sola cifra toda una historia de progreso social en múltiples frentes: salud, nutrición, primera infancia, etc.

No les resta mérito alguno a nuestros artistas y campeones que reflexionemos sobre las condiciones socioeconómicas en las que se apoya esta reciente fila de éxitos. Por el contrario, nos permite soñar con lo que podríamos alcanzar si nuestras condiciones se parecieran más a las de sociedades más desarrolladas, pues todo indica que en los brazos, piernas y mentes de muchos compatriotas hay un singular potencial que irrumpe explosivamente apenas cuenta con el sustrato adecuado. Aun en medio de nuestras falencias, mientras estábamos ocupados peleándonos por Uribe, Santos y las Farc, en la sombra crecía una generación de atletas y creadores a quienes por fin les llegó su turno al sol. Esa subienda de talento demuestra que, a pesar de nuestro pesimismo cotidiano, hemos avanzado mucho desde aquel sábado de 1985 en el que todos sufrimos por el descalabro alpino del Jardinerito de Fusagasugá.

@tways / tde@thierryw.net

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