No politizar la medicina

No politizar la medicina

Algunas cosas, como la hidroxicloroquina, son símbolos políticos por su asociación con el personaje.

03 de junio 2020 , 09:25 p.m.

Hidroxicloroquina en tiempos de coronavirus, pieza de teatro en tres actos.
Primer acto: una terrible enfermedad acecha a la humanidad. Alguien sugiere tratarla con hidroxicloroquina, una droga antimalárica. Donald Trump, el polémico presidente de EE. UU., también la recomienda. Y agrega que, aunque no tiene el virus, la está tomando. Por si acaso.

Segundo acto: un estudio publicado en la prestigiosa revista 'The Lancet' concluye que la hidroxicloroquina (y su prima hermana, la cloroquina) no tiene efecto sobre el virus. Incluso puede aumentar el riesgo de muerte del paciente. De inmediato, la OMS desaconseja su uso. Decenas de investigaciones sobre el fármaco son suspendidas.

El tercer acto de esta saga está en curso, pero ustedes, estimados lectores, quizá no lo sepan, pues ha sido mucho menos taquillero que el segundo. El estudio en 'The Lancet' fue recibido por la opinión pública como un acontecimiento tanto político como científico: Trump había quedado en ridículo. La ciencia lo había puesto en su sitio. La verdad había triunfado.

Con Trump pasa lo mismo que con Uribe y Petro entre nosotros, que sus devotos seguidores y furibundos detractores no sopesan; todo lo filtran a través de la angostura de sus preferencias políticas.

Pocos días después, sin embargo, más de cien investigadores publicaron una carta denunciando serias irregularidades con el hallazgo. La carta fue mencionada por la prensa internacional, pero sin el bombo del estudio original. 'El País' de España publicó un artículo redactado con tanto rodeo que hay que leerlo dos veces para entenderlo, algo inexplicable en un diario que es referente de estilo en castellano. En todo caso, el daño ya estaba hecho. La ruidosa noticia del estudio en 'The Lancet' había paralizado las investigaciones en marcha sobre la droga, al punto de que quizá nunca sabremos si sirve o no.

Parte de la culpa la tiene Trump, por supuesto. Fue una irresponsabilidad automedicarse y promover su uso sin saber si funcionaba. Pero la culpa no es solo de él. Con Trump pasa lo mismo que con Uribe y Petro entre nosotros, que sus devotos seguidores y furibundos detractores no piensan, no analizan, no sopesan; todo lo filtran a través de la angostura de sus preferencias políticas. Lo que diga su ídolo o rival es cierto o falso –respectivamente– por definición. No hay excepciones ni matices; se razona con brocha gorda. Algunas cosas –como la hidroxicloroquina o los aguacates– se vuelven símbolos políticos por su asociación con el personaje, y entonces su aceptación o rechazo se convierte en un asunto de identidad. Soy trumpista, por lo tanto “creo” en la hidroxicloroquina. O soy anti-Trump, y entonces no creo. Así, tan absurdo como suena.

Como la abrumadora mayoría de la intelligentsia global, que controla los medios de comunicación y la academia, es enérgica enemiga de Trump, la noticia del fracaso de la droga tuvo más impacto que el posterior cuestionamiento de ese resultado. Ya desde antes la sustancia se consideraba “trumpiana” y eso había estigmatizado su estudio. Por eso, la publicación en 'The Lancet' fue recibida como una victoria ideológica.

¿Pero no es justamente eso lo que le criticamos a Trump? ¿Su desdén por la ciencia, su manoseo de la verdad, su propensión a creer solo en los hechos que le convienen? ¿No deberíamos aceptar los resultados de las investigaciones con alegría (hasta un resultado negativo nos acerca a la verdad) indistintamente de lo que les convenga a los políticos?

Esta columna no es sobre la efectividad de la hidroxicloroquina, sino sobre la politización de la ciencia médica, que me parece una desgracia. Pero para terminar debo dejar claro que no tengo ni idea si dicha droga sirve contra el covid-19 o no.
Hago manifiesto este agnosticismo farmacológico pues, de lo contrario, no faltará el fanático que, por las mismas razones de estrechez ideológica que expuse arriba, me acusará de querer envenenar gente en nombre del trumpismo.

Thierry Ways
@tways / tde@thierryw.net

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