Muisca y Uber

Muisca y Uber

Si algo debe hacer bien un Estado, además de garantizar la seguridad, es recaudar impuestos.

15 de enero 2020 , 07:00 p.m.

A las 10 de la noche tiramos la toalla. En teoría, la página de la Dian seguía aceptando pagos, pero después de seis horas de recargar maniáticamente la ventana del navegador, revisar una y otra vez el cable de red, llamar a amigos a preguntarles si habían tenido suerte, cruzar los dedos, prender velas, invocar la ayuda de santos, arcángeles, orishas y demás colaboradores extraterrenales, resolvimos apagar el PC y dejar la liquidación de impuestos para la mañana siguiente. La poca cordura que nos quedaba bien valía el interés de un día de mora.

Pero no hubo tal mora, al menos esta vez, pues la Dian reconoció que había un problema en sus sistemas y extendió el plazo para pagar IVA y retefuente un día más. Tras mucho seguir insistiendo, a las 5 p. m. del martes, más de 24 horas después del intento inicial, logramos que el Estado aceptara nuestro dinero. Que yo sepa, fue la primera vez en la historia de la tributación universal que el pago de un impuesto se celebró como un gol de Copa Mundo.

Si fuera un caso aislado, no estaría escribiendo esta columna. Sé bien que todo sistema informático aloja en sus transistores un diablillo al que le encanta hacer travesuras, sobre todo en los días críticos. Pero este no es un caso infrecuente.
Pregúntenle a cualquier contador o pequeño empresario del país por su experiencia con los pagos de impuestos en línea y sabrán que estamos en mora de erigir el monumento al sufrido contador desesperado: una estatua de un representante de la profesión agarrándose los cabellos frente a un computador, ubicada preferiblemente en la calle séptima en Bogotá, entre la Dian y la Casa de Nariño.

El software de la Dian, llamado Muisca, tiene funciones muy distintas a las de Uber. Pero, desde el punto de vista informático, Uber hace bien muchas de las cosas que al Muisca le cuestan trabajo

Si algo debe hacer bien un Estado, además de garantizar la seguridad, es recaudar impuestos. De hecho, esa tarea es anterior a todas las otras, pues sin impuestos no puede cumplir sus demás obligaciones. Y hacerlo bien no significa solo perseguir evasores, o sancionarlo a uno por un error de 20.000 pesos en una declaración de hace dos años, sino lograr que el recaudo sea tan eficiente e indoloro como sea posible. Si la meta es que la gente pague cumplidamente y de buena gana, ¿no deberíamos facilitar al máximo el trámite? Los impuestos ya producen suficiente rechazo como para encimarles la frustración de lidiar con ordenadores catatónicos.

Casi en simultánea con el colapso del sistema de la Dian, se anunciaba la partida de Uber de Colombia. Aunque son hechos inconexos, su yuxtaposición dice mucho sobre la capacidad y disposición del país para enfrentar la era digital, la ‘economía de la información’, la ‘cuarta revolución industrial’ y demás tópicos del siglo en curso, que no por trillados dejan de ser relevantes. El software de la Dian, llamado Muisca, tiene funciones muy distintas a las de Uber. Pero, desde el punto de vista informático, Uber hace bien muchas de las cosas que al Muisca le cuestan trabajo: atiende miles de transacciones simultáneas sin que colapse el servicio, actualiza en tiempo real su base de datos sin hacer esperar indebidamente al usuario, tiene capacidad elástica para atender picos de demanda en ciertas fechas u horas, etc.

En otras palabras, mientras que los sistemas de cómputo esenciales del Estado dejan mucho que desear –y en vez de promover la eficiencia y la competitividad promueven la hipertensión y el envejecimiento prematuro de la profesión contable–, a las empresas de vanguardia en el procesamiento de información (pues al final eso es lo que es Uber), el Estado les exige que se vayan con su tecnología a otra parte.

Como ya dije, una cosa no tiene que ver con la otra; es mera coincidencia que el diablillo electrónico de la Dian se manifestara al mismo tiempo que la despedida de Uber. Pero hay coincidencias que son muy expresivas.

@tways / tde@thierryw.net

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