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‘Memento mori’

‘Memento mori’

Los últimos meses han sido un 'memento mori'. De modo que Santrich no merece puntos en originalidad.

Reapareció el desmovilizado y vuelto a movilizar excombatiente de las Farc y hoy combatiente de la ‘Segunda Marquetalia’, alias Jesús Santrich. En un video aderezado de latinajos y referencias mitológicas, le dirige al presidente Duque la expresión memento mori, frase latina que significa ‘recuerda que has de morir’.

El mensaje claramente es una amenaza, aunque no ha sido ese el uso tradicional de la expresión. En la Antigüedad y la Edad Media, el memento mori se usaba como recordatorio de la inevitabilidad de la muerte, con la intención de que nos fijáramos más en la vida eterna y menos en las cosas terrenales.

Más adelante, en el arte de los siglos XVI y XVII, el memento adquirió también forma pictórica y escultórica. Podía aparecer, por ejemplo, en un bodegón, junto a objetos que simbolizan la vanidad humana, para resaltar, por medio de la invocación de la muerte, lo fatuas que son aquellas cosas a las que les damos valor. En la National Gallery de Londres cuelga una pintura de Hans Holbein el Joven que muestra a dos caballeros suntuosamente vestidos con pieles y cueros. Entre los dos hay una exhibición de artefactos lujosos de la época: un globo terráqueo, un laúd, flautas, libros, relojes solares. Pero lo que llama más la atención es una alargada mancha en el centro inferior del lienzo. Si no fuera un anacronismo, parecería un objeto deformado por un programa de computador. Y en efecto: si uno mira el cuadro desde un ángulo bajo y oblicuo (u observa la mancha en el dorso de una cuchara), descubre que la extraña forma es una calavera, distorsionada por el pintor para ocultarla a plena vista. Memento mori.

El ‘memento’ debe ser una invitación a no perder el tiempo, a apresurarnos a realizar los proyectos que nos hemos propuesto, sobre todo después de
la pausa involuntaria a la que nos obligó el covid.

Más cerca de nuestros días, el excéntrico Damien Hirst fabricó un cráneo de platino incrustado con ocho mil diamantes, quizá la manifestación más explícita que ha habido del memento mori, pues fusiona la representación de la muerte con una vulgar exhibición de riqueza. La lectura más obvia es que hasta una fortuna fabulosa es poca cosa ante la finitud de la vida. Lo que no impidió que la pieza se vendiera por 50 millones de libras esterlinas.

Ahora, antes de que graduemos a ‘Santrich’ de artista conceptual por amenazar de muerte al Presidente, consideremos que su memento mori acusa la más lamentable redundancia. Me pregunto si la selva en la que se oculta es tan densa que no le llegan noticias de la pandemia. Pues si alguna vez sobraba el recordatorio de nuestra vulnerabilidad, era esta. Los últimos 14 meses han sido un gigantesco memento mori a escala planetaria. De modo que ‘Santrich’ no merece muchos puntos en materia de originalidad.

Conviene una interpretación más moderna y práctica del memento mori, adaptada a estos tiempos pandémicos y, ojalá pronto, pospandémicos. El memento no debe ser solo una ocasión para contemplar lo inevitable de la muerte, sino una invitación a no perder el tiempo, a apresurarnos a realizar los proyectos que nos hemos propuesto, sobre todo después de la larga pausa involuntaria a la que nos obligó el covid. Debemos oír que la calavera nos susurra: “Recuerda que morirás. No desaproveches el tiempo que te queda”. O, en palabras de Aureliano Segundo: “¡Apártense, vacas, que la vida es corta!”.

¿Y a qué proyectos valdría la pena que el presidente Duque, destinatario del siniestro memento, les hundiera el acelerador? Uno de ellos es la vacunación contra el covid, por supuesto. Pero otro, no menos urgente, es el desmantelamiento de todas esas ‘bacrim’, ‘clanes’, ‘disidencias’, guerrillas y ‘grupos armados organizados residuales’, incluida la del propio ‘Santrich’. Son ellas las culpables de acortar aún más la vida corta de cientos de líderes sociales, soldados y víctimas de masacres y matanzas a lo largo y lo ancho del país.

Thierry Ways
@tways / tde@thierryw.net

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