¿Lo estamos pasando muy bien?

¿Lo estamos pasando muy bien?

La tecnología ha hecho muy poco para mejorar la penosa ineficiencia del Estado.

23 de octubre 2019 , 07:09 p.m.

A los 11 o 12 años tenía un casete de Los Prisioneros que escuché hasta gastarle la cinta. Me intrigaba, sobre todo, Lo estamos pasando muy bien, una canción que describía los milagros de la economía chilena: universidades, centros comerciales, abundante comida... ¿pero por qué parecía que el cantante proclamaba esas cosas con sorna, casi que con desprecio? Hasta que una epifanía prepúber me lo aclaró, y entendí que había descubierto el sarcasmo.

Aquellos versos mordaces podrían haberse escrito hoy, cuando miles de jóvenes chilenos protestan contra un sistema económico que, desde afuera, luce como el más exitoso de América Latina. Un argumento surgió rápidamente y se impuso: que Chile, a pesar de ser la joya de la región, es un país sumamente desigual. Eso explicaría –y, para algunos, justificaría– la violencia de las protestas.

Pero hay un detalle: la desigualdad en Chile viene disminuyendo hace años, lo que sugiere que esa no puede ser toda la explicación. Se necesita algo más para responder la pregunta ¿por qué ahora?

¿Cómo esperar que una generación a la que se le ha prometido que puede tenerlo todo al instante no se impaciente con los paquidérmicos rituales de la democracia? 

Parte de la respuesta es la incapacidad de los Estados modernos para satisfacer las crecientes demandas de la clase media o, incluso, para sostener las expectativas actuales, como se ha visto en Francia y Ecuador. En ambos países, un intento de aumentar el precio de los combustibles terminó en violencia. Pero eso tampoco lo explica todo. Hay dos factores, de índole no económica, sino cultural, que agudizan el descontento.

Uno de ellos es el progresivo emocionalismo de la sociedad. Estamos inmersos en un campo comunicativo dominado más que nunca por la imagen y el micrometraje, como los memes y los videos que se difunden por Twitter, Instagram y YouTube. La conciencia política y ciudadana de millones de jóvenes de hoy se forma primordialmente a través de mensajes cuya virtud principal es ser fácilmente viralizables.

No es que el formato audiovisual sea inferior per se. Pero cuando la modalidad dominante de consumo de información pasa de la palabra a la imagen, es inevitable que –como argumentaría McLuhan– el mensaje cambie.

Un video puede transmitir muchas cosas, pero no sustituye el ensayo y el artículo –el texto– en su capacidad de exponer razonamientos extensos. La imagen tiende naturalmente a lo emocional; a mostrar, no a explicar. Nuestro discurso público, por tanto, está camino a convertirse en un tinglado de emociones, cuanto más primarias, mejor, en perjuicio de la argumentación matizada y articulada. Una victoria del pathos sobre el logos. Y esa transformación no encontrará resistencia, pues engrana bien con el apasionamiento y la rebeldía propios de la juventud, así como con el ritmo de una sociedad intranquila e impaciente.

Cuál es mi segundo punto. Vivimos, como todos sabemos, de prisa. Las redes y la informática aceleraron todos los aspectos de la vida, desde las comunicaciones hasta el romance. Pero la tecnología ha hecho muy poco para mejorar la penosa ineficiencia del Estado. ¿Cómo esperar que una generación a la que se le ha prometido que puede tenerlo todo al instante –al punto de que ingresar los datos personales en un sitio web para completar una transacción es percibido como un vejamen– no se impaciente con los paquidérmicos rituales de la democracia? Y, sin embargo, ¿qué alternativa existe?
La democracia, por naturaleza, es lenta y frustrante; solo las tiranías actúan a la velocidad del capricho.

Esos dos factores no existen únicamente en Chile, por supuesto, sino en todas las sociedades modernas. Tarde o temprano, cada una se hará la misma pregunta. ¿De verdad lo estamos pasando muy bien? Que es otra manera de indagar si la democracia, tal y como la conocemos, puede sobrevivir en un mundo cada día más emotivo e impaciente.

@tways / tde@thierryw.net

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