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¿Listos para el ‘metaverso’?

¿Listos para el ‘metaverso’?

¿Estamos preparados para que la frontera entre lo real y lo virtual sea cada vez más difusa?

06 de noviembre 2021 , 10:06 p. m.

Facebook tiene 2.850 millones de usuarios activos, más de la tercera parte de la humanidad, de modo que cualquier cosa significativa que ocurra en esa red tiene el potencial de volverse un fenómeno social de proporciones importantes. Ya vimos cómo, en 2016, el mercadeo ultrafocalizado de la firma Cambridge Analytica fue determinante en las elecciones de Estados Unidos. En mayor o menor medida, todos habitamos un mundo mediado por los aciertos o errores de Mark Zuckerberg.

Y ahora Mark quiere que vivamos en un mundo más integrado aún con su producto. Se ha propuesto lanzar un universo virtual en el que representaciones digitales de cada uno de nosotros, llamadas ‘avatares’, se desplazarían de un lado para otro, mantendrían relaciones sociales con otros usuarios (incluyendo, sin duda, cibernéticas relaciones sexuales) y podrían mudar de aspecto, hacer transacciones comerciales e incluso trabajar.

La idea, llamada ‘metaverso’, no es nueva. Existe al menos desde 1992, cuando el escritor Neal Stephenson bautizó con ese nombre un mundo virtual en su novela ‘Snow Crash’. El cine y la literatura de ciencia ficción muchas veces han imaginado mundos simulados, a los que se accede por medio de gafas o drogas o electrodos craneales. Lo más parecido que tenemos en nuestro tiempo son los videojuegos 3D, cuyas representaciones del mundo son cada vez más detalladas y convincentes. Tal vez por eso el demo que mostró el fundador de Facebook no haya descrestado a nadie.

Pero así el soso metaverso de Zuckerberg no sea el que se imponga, no hay duda de que cada día una mayor parte de nuestra vida transcurrirá en espacios virtuales. En buena medida ya es así: las redes sociales han reemplazado o complementado múltiples aspectos de la vida comunitaria, y cada vez son más las personas cuyo ‘modus vivendi’ depende de ellas. La pandemia, además, demostró que, para bien o para mal, muchas actividades del ‘mundo real’ pueden desarrollarse sin necesidad de que los participantes concurran en un espacio físico.

Pero esa tendencia explotará en los próximos años. La frontera entre lo real y lo virtual será progresivamente más difusa. Nuevas formas de trabajo surgirán en las plataformas virtuales que construyan Zuckerberg u otros. Nuevos bienes y servicios, denominados en criptomonedas, serán intercambiados en esos mundos. Un sistema financiero descentralizado proveerá servicios sin necesidad de la banca tradicional. El tamaño de las economías resultantes podría ser del orden de los trillones de dólares.

Mi formación profesional fue en una carrera tecnológica, pero mi modo de vida tiende a lo decimonónico, así que no crean que este feliz mundo huxleyano me entusiasma mucho. Pero uno no pelea con lo inevitable. Más bien se prepara para ello.

¿Y estamos preparados, en Colombia, para estos cambios inminentes? La respuesta es un rotundo no: una manito con el pulgar hacia abajo. No estamos listos, en materia de legislación laboral, para una sociedad con nuevas modalidades de trabajo virtual, tarifado por horas (o minutos) y remunerado con pagos digitales que no pasan por los bancos. No estamos listos en materia regulatoria: ni siquiera hemos sido capaces de asimilar un servicio de transporte como Uber. No estamos listos en materia de digitalización y eficiencia del Estado: las torres de Jenga de expedientes amarrados con pita en los juzgados son prueba de nuestras inclinaciones prehistóricas. Y no estamos listos en materia de infraestructura: el fiasco de la Unión Temporal Centros Poblados demuestra una incapacidad no ya de conectarnos al metaverso, sino de conectar al departamento del Meta.

Decir que nos va a dejar el tren sería sugerir que existe una vía férrea. Ni siquiera hemos terminado de colocar los rieles.

THIERRY WAYS
En Twitter: @tways
tde@thierryw.net

(Lea todas las columnas de Thierry Ways en EL TIEMPO, aquí).

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