La verdad no es una necedad

La verdad no es una necedad

No les neguemos la verdad a miles de colombianos a los que ya les negamos la posibilidad de justicia

09 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

El martes compareció ante la JEP Rodrigo Londoño, jefe del partido Farc, en relación con el reclutamiento y abuso de niños y niñas en la guerrilla. Londoño negó que las Farc reclutaran menores de edad, cometieran violaciones o practicaran abortos forzados. Lo mismo han dicho otros excabecillas del grupo.

Por si alguien albergaba alguna duda, va quedando claro que los exguerrilleros no reconocerán ningún delito importante. Está en manos de la JEP, pues, la posibilidad de aprender la verdad sobre este y otros casos bajo su competencia. El tribunal deberá aclararnos si las Farc cumplieron o no con su obligación de contar la verdad y, si no lo hicieren, retirarles los beneficios que les otorgó el acuerdo del teatro Colón.

Será una prueba de fuego para la JEP. Montañas de evidencia implican a las Farc en delitos graves de todo tipo, incluyendo el abuso infantil. Así lo han reconocido defensores del acuerdo como José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch, quien dijo que los excomandantes deben abandonar su “falso relato” o “enfrentar largas penas de prisión”.

De modo que la JEP deberá demostrar que tiene la firmeza para hacer cumplir la letra del acuerdo. Pero desde ya me temo que, si lo hace, de inmediato saldrán ciertos ‘amigos de la paz’ –que, en realidad, son más amigos de la revolución que de la paz– a presionar a favor de los acusados, así no hayan cumplido con sus obligaciones. Ya lo vivimos con alias Jesús Santrich.

Londoño negó que las Farc reclutaran menores de
edad, cometieran violaciones o practicaran abortos forzados. Va quedando claro que los exguerrilleros no reconocerán ningún delito importante.

Como dije hace unas semanas –para molestia de algunos letrados–, la justicia colombiana es elástica, como los cauchos con que se amarran los billetes. Hemos fabricado leyes, tribunales, jurisdicciones, artículos de la Constitución y hasta centros carcelarios a la medida de cada uno de nuestros grandes grupos criminales: narcos, paramilitares y guerrillas. Si Colombia, dizque ‘el país de las leyes’, tuviera un mito fundacional, sería el del apareamiento de un sastre con un abogado.

Ya escucho, entonces, las voces que dirán que esta necia insistencia en la verdad es un obstáculo para conseguir la paz. Que toda verdad es relativa. Que hay que pasar la página. Que otros no han contado su verdad, por tanto a estos no puede exigírsele.
Que hay que aceptar ‘nuevas modalidades de verdad’ (por ejemplo, las confesiones colectivas), noción que, cual los imanes milagrosos de Melquíades, nos venderán como “la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia”. Y aparecerán los artilugios jurídicos –siempre aparecen– para que esas nuevas modalidades de verdad (‘una verdad para la paz’, les regalo el eslogan) pasen el filtro elástico de la ley.

Pero insistir en la verdad no es una necedad. Es cierto que cuando una persona ha sido maltratada de forma aborrecible, cuando le han arrancado a sus seres queridos, por ejemplo, no hay reparación que valga. Nada puede resarcir el daño. Sin embargo, los seres humanos tenemos una necesidad psicológica de entender las cosas que nos pasan, una necesidad más punzante cuanto más injusto el daño sufrido. “¿Por qué?”. “¿Por qué a mí?”. Las preguntas de Job son las más antiguas y dolorosas de la humanidad. Para responderlas fue que los hombres crearon a los dioses.

Escuchar la verdad sobre un crimen atroz no cambia lo sucedido, pero al menos apacigua esa necesidad íntima y dolorosa de la víctima. La luz que arroja ese testimonio es macabra, pero es mejor que las tinieblas. Y la verdad duele, pero la ausencia de verdad es peor, pues impide que el dolor sea procesado por los mecanismos psicológicos con los que contamos para ello. Impide que la herida sane. No les neguemos esa posibilidad a miles de colombianos a los que ya les negamos la posibilidad de justicia. No impidamos que sus heridas sanen.

Thierry Ways
@tways / tde@thierryw.net

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