La rebelión antielitista

La rebelión antielitista

Una ola de rechazo, turbopropulsada por las redes sociales, hacia todas las llamadas ‘élites’.

08 de enero 2020 , 07:00 p.m.

Los Globos de Oro 2020 serán recordados no tanto por los ganadores de los premios o las pintas de los famosos como por la filípica de ocho minutos que Ricky Gervais le espetó al establecimiento hollywoodense.

Gervais, un impolítico comediante británico, se burló de la estatura de Scorsese, de la apariencia de Joe Pesci y de la ventaja que Netflix les ha sacado al cine y la TV. Pero eso fue lo de menos. Los comentarios más lacerantes fueron contra la hipocresía de compañías como Apple y Disney, que promueven “hacer el bien” pero contratan mano de obra barata en China; contra los encubridores de Harvey Weinstein, el poderoso productor acusado de múltiples casos de abuso sexual, y contra los amigos de Jeffrey Epstein, el magnate financiero condenado por tráfico sexual de menores, hallado muerto en agosto (y que “no se suicidó”, dijo Gervais, haciendo eco de una popular teoría conspirativa). El comediante fustigó a los actores que dan lecciones de moral y geopolítica pero “han ido a la escuela menos que Greta Thunberg”, y finalizó diciendo: “Si ganan, reciban su premio, denles gracias a su agente y a su dios y lárguense de aquí”. Siguieron risas incómodas y aplausos dubitativos.

Nunca, que yo recuerde, se vio tal insurrección en un ámbito tan conformista e ideológicamente homogéneo como Hollywood, capital mundial del progresismo cultural. Eso respalda mi tesis de que una de las tendencias más significativas de nuestro tiempo es la Gran Rebelión Antielitista del siglo XXI: una ola de rechazo, turbopropulsada por las redes sociales, hacia todas las llamadas o mal llamadas ‘élites’, las tradicionales y las emergentes, las meritorias y las espurias. No importa que hablemos de élites políticas, económicas, culturales, religiosas, académicas o periodísticas; cualquier cabeza que se asome por encima del resto atraerá la atención de la guillotina antielitista.

Cuestionar el poder siempre será necesario, pero el antielitismo por deporte, impelido solo por el prurito populista de tumbar al que está arriba, tiene poco
de constructivo

Las revoluciones –y me parece que el fenómeno que describo es una revolución de índole cultural– comienzan atacando el establecimiento, pero rara vez se detienen ahí. La revolución, se dijo hace mucho, es como Saturno, que devora a sus hijos. Por eso, que nadie crea que por defender estas o aquellas ideas, por estar a tono con los tiempos o ‘del lado correcto de la historia’ se salvará del llamamiento a juicio. Eso lo han aprendido, entre nosotros, políticos progresistas como Claudia López, Sergio Fajardo, Catalina Ortiz, Juanita Goebertus y Antanas Mockus. Cada uno de ellos, en algún momento reciente, reprobó alguno de los test de pureza ideológica que la izquierda exige a quienes quieran hablarles a sus toldas. Como resultado, en lugar de valorar su aporte a la diversidad del debate público, que es o debería ser una bandera de la izquierda, la franja radical no los baja de criptouribistas, neoliberales de clóset, quintacolumnistas de la derecha y demás delirios similares.

Y es que no se salva ni Barack Obama, quizá la figura más admirada del progresismo mundial. Hace poco, a menos de tres años de su salida de la Casa Blanca, The New York Times publicó una columna de un joven millennial que, hablando en nombre de su generación, le recrimina a Obama su visión anticuada del mundo y su incapacidad para entender los tiempos que corren.

Cuestionar el poder siempre será necesario (creo que Gervais lo hizo bien), pero el antielitismo por deporte, impelido solo por el prurito populista de tumbar al que está arriba, tiene poco de constructivo. Una sociedad sin fuentes ampliamente aceptadas de legitimidad –intelectual, política, académica, etc.– se parece mucho al caos. A falta de consensos, sus miembros cooperarán menos entre sí. Y tarde o temprano, pues el caos cansa, se sentirá tentada por aventuras autoritarias que prometan acabarlo.

@tways / tde@thierryw.net

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