Ígneas invitaciones

Ígneas invitaciones

El irrespeto a las reglas, justificado o no, termina así: en tragedias que se habrían podido evitar.

08 de julio 2020 , 09:25 p.m.

El senador Gustavo Petro, que es un político sagaz, invita a la desobediencia civil contra el gobierno de Iván Duque. Dicho mecanismo de protesta cuenta con una larga y distinguida trayectoria. Fue la táctica exitosa de Gan-dhi y Martin Luther King. La pregunta no es, por tanto, si la desobediencia civil es válida en la acción política. Eso ha sido respondido afirmativamente por la historia. La pregunta es si es oportuna en este momento. Si debemos, en otras palabras, hacerle caso a Petro o no.

El senador lanzó la propuesta por primera vez en marzo. En ese momento, se trataba de encerrarse para “proteger a Colombia de la letalidad del virus”. Propuso además la suspensión de pagos de deudas, arriendos y servicios públicos. Más recientemente, sumó a sus motivaciones el rechazo al “gobierno ilegítimo” de “Duque y Marta Lucía”. Lo claro es que Petro quiere que desobedezcamos (civilmente) a como dé lugar, sumando justificaciones a medida que van surgiendo.

No hay duda de que hay muchas cosas que criticarle a este gobierno, como a todos. Pero de ahí a desconocerlo, como ha planteado Petro, hay un trecho enorme. Le resta solidez al senador, además, que su posición fue irreflexiva desde el comienzo. La primera marcha que convocó contra Duque fue el día mismo de la posesión, el 7 de agosto de 2018. Una protesta curiosa, pues se oponía a un gobierno que todavía no existía. Desde el primer instante, el talante del senador no fue de opositor, sino de obstruccionista. Había que objetar robóticamente todo lo que dijera o hiciera el Gobierno, aun antes de que hubiera dicho o hecho algo.

Y entonces llegaron la pandemia y sus consecuencias económicas: un río revuelto en el que hundir con provecho su caña de pescador. Hay figuras políticas que se nutren del caos, a las que les conviene que a la sociedad le vaya mal para erigirse ellas en salvadoras. Y si no hay suficiente caos disponible, no está de más aportar un poco.

Hay figuras políticas que se nutren del caos, a las que les conviene que a la sociedad le vaya mal para erigirse ellas en salvadoras.

Pues no nos quepa duda de que eso será lo que pasará si le hacemos caso al senador. Yo también, al igual que muchos opinadores, he reclamado medidas solidarias para las clases medias y vulnerables. Hemos exigido políticas para proteger el empleo. El Gobierno ha escuchado algunos de esos llamados. Nadie sensato ha abogado por el ‘sálvese quien pueda’. Pero una cosa es hacerlo organizadamente y otra, que uno de los políticos más poderosos del país tenga la irresponsabilidad de promover una estampida de impagos en medio de una emergencia internacional sin precedentes. Ojalá los votantes lo recuerden en 2022.

La desobediencia civil, además, no siempre funciona, y no siempre sale bien. El 21 de agosto de 1967, cien mil hippies rodearon el Pentágono, entonando cánticos en arameo, con la intención expresa de usar su energía psíquica para hacer levitar el edificio y ponerle fin a la guerra de Vietnam. Pero el Pentágono no levitó, y la guerra no se acabó.

El lunes pasado, un grupo de pobladores de Puebloviejo, Magdalena, saquearon un camión volcado que transportaba gasolina. No fue un acto de desobediencia civil propiamente dicho, pues su intención no era política. Pero, al igual que los saqueos en las recientes protestas raciales en EE. UU., el hecho se ha politizado, pues es indiscutible que está ligado a las terribles condiciones de vida de la zona. Una chispa encendió el derrame de gasolina, y en un segundo los pobladores quedaron envueltos en llamas. Veinte de ellos han muerto. El irrespeto a las reglas, justificado o no, a menudo termina así, en tragedias que se habrían podido evitar.

Tengamos cuidado, pues, con las ígneas invitaciones del senador Petro. En su apellido se asoman ya, como una advertencia, las sílabas iniciales de cierta sustancia combustible.

Thierry Ways
@tways / tde@thierryw.net

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