Encumbrados personajes

Encumbrados personajes

Ya hay quienes dicen que, si tienen éxito, Trump y Kim merecerían compartir el Nobel de la Paz.

14 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Mientras los colombianos estamos absortos en nuestro proceso electoral, que culmina, ¡por fin!, el domingo, el resto del mundo ha estado asistiendo a un indescifrable vodevil.

En Sentosa, una isla de Singapur conocida por sus hoteles caros, sus playas artificiales y sus campos de golf, se reúnen, por primera vez, un líder norcoreano y un presidente de Estados Unidos. Lo cual está muy bien: el encuentro tiene una ambiciosa lista de objetivos que, de cumplirse, le pondrían fin a un conflicto que es uno de los últimos residuos de la Guerra Fría, desactivarían el agresivo programa nuclear norcoreano y le abrirían las puertas a una gradual restitución de los derechos humanos en ese país. Todavía estamos muy lejos de ese escenario, pero ya hay quienes dicen que, si tienen éxito, los mandatarios merecerían compartir el Premio Nobel de la Paz.

Hasta ahí, como dije, todo muy bien. Lo extravagante es el elenco de actores que el destino ha designado para confluir en esa cita, ¿cómo evitar el adjetivo?, histórica.

En esta esquina, Donald Trump: magnate inmobiliario, presentador de realities de televisión, expropietario del concurso de belleza Miss Universo, autor de libros de autoayuda gerencial y, gracias a inescrutables fuerzas políticas y sociales, gobernante de la nación más poderosa del mundo. En esta otra, Kim Jong-un: joven y regordete Líder Supremo de la República Popular Democrática de Corea, o Corea del Norte, y descendiente de tercera generación de la dinastía comunista que dirige a ese país hace 70 años. No podrían ser más disímiles los dos participantes, hermanados tan solo, tal vez, por sus audacias en materia capilar.

Como si no bastase con la cuota de excentricidad que ponen los dos líderes reunidos, Trump y Kim Jong-un, otro personaje, más estrafalario, contribuyó también a que la cumbre se llevara a cabo.

Pero como si no bastase con la cuota de excentricidad que ponen los dos líderes que están reunidos justo ahora –mientras escribo–, otro personaje, más estrafalario que los anteriores, contribuyó también a que la cumbre se llevara a cabo. Alguien que ya había pasado a la historia por sus propios méritos en otro ámbito de la actividad humana y que de repente vuelve a aparecer en un campo completamente ajeno, como esos actores que hacen un cameo fugaz en una película que no protagonizan.

Se desconoce el papel exacto que jugó Dennis Rodman en el acercamiento entre las dos naciones, pero se rumora que el exbasquetbolista de los Bulls de Chicago, famoso por su vida de excesos, ayudó a romper el hielo entre los mandatarios. Rodman es una de las pocas personas en el mundo, tal vez la única, cercana tanto a Trump como a Kim. De modo que, si decide la historia que esta semana comiencen a derretirse los últimos carámbanos de la Guerra Fría, no habrá sido insignificante la contribución de este gigante negro de dos metros de estatura, pelo policromo, piercings en la cara, fama de ‘niño malo’, que alguna vez vistió un traje de novia para casarse “consigo mismo”, fue amante de Madonna y está tatuado como están decoradas las catedrales góticas: hasta en las partes que solo Dios puede ver.

Mientras escribo, CNN lo está entrevistando; Rodman ha roto en llanto. “Hoy es un gran día –dice, sollozando–, un gran día”. Al mismo tiempo, los dos mandatarios charlan en privado y el planeta expectante contiene el aliento, como en esos partidos de básquet en los que un balón lanzado al aire en el último segundo puede definir el marcador después de que ha sonado el pitazo final.

Que no se diga que estos tiempos, que se anunciaban aburridos y predecibles por la galopante burocratización del mundo y la proliferación de algoritmos que pretenden planearlo todo, no han llegado dotados de un renovado talento para el disparate.
Entre tanto, en Colombia también contenemos la respiración, esperando a que el balón, que está en el aire, aterrice dentro o fuera del aro el domingo y resuelva el partido.

THIERRY WAYS
tde@thierryw.net

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