El próximo debate

El próximo debate

No será la solidaridad la que nos saque del atolladero, sino el emprendimiento y la competencia.

10 de junio 2020 , 09:25 p.m.

Ya se adivina el que será el próximo gran debate que daremos como sociedad. Tendrá que ver con las medidas para restablecernos del daño económico causado por el covid-19. De un lado estarán quienes promueven políticas estatales de tipo asistencial o redistributivo para ayudar a las clases vulnerables, que son, como es lógico, las más afectadas por la crisis. Del otro, quienes defienden la inversión privada y el crecimiento económico como ruta hacia la recuperación.

En esos debates, los partidarios del intervencionismo estatal juegan con ventaja. La idea de “ayudar a los pobres”, una imagen benigna, que apela a la caridad cristiana y al instinto de solidaridad que hay en todos, es más fácil de vender que nociones frías y abstractas como “atraer inversión” o “aumentar el producto interno bruto”. Sin embargo, como se ha dicho hasta el cansancio, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. No será el altruismo o la solidaridad, por encomiables que sean, lo que nos saque del atolladero, sino la estimulación de los instintos más individualistas de la especie: el emprendimiento, la competencia, la toma de riesgos y, sí, el ánimo de lucro.

Quienes defendemos el libre intercambio y el crecimiento económico como soluciones a la cuestión de la pobreza –que, más que la desigualdad, es el primer, principal y verdadero problema de nuestra sociedad– estamos acostumbrados a ser denostados con epítetos chapuceros. Nos acusan de ser “prorricos”, “neoliberales”, capitalistas “salvajes”, etc. No falta el iletrado –ese sí, “salvaje– que nos llama “fachos”, sin pudor con la historia o el diccionario. Y ni siquiera tiene gracia aguantarse las ofensas, pues la defensa del mercado no goza del prestigio compensatorio de ser considerada por la cultura una posición cool, como sí sucede con las posturas ‘rebeldes’ o ‘antisistema’. El resultado es una subrepresentación de ese modo de pensar en el debate ciudadano.

Lo único que nos salvará de esta crisis es un retorno vigoroso al crecimiento. Las medidas redistributivas sirven para limar las asperezas y equilibrar el campo de juego, pero no generan
riqueza.

Pero hay que hacerse oír. Hay que cruzar el campo de invectivas como Neo esquivando proyectiles en 'The Matrix'. Son balas de papel, al fin y al cabo. No hay en el mundo ningún país verdaderamente “neoliberal” ni ninguno donde el capitalismo sea “salvaje”. Ambas nociones pertenecen al universo de los duendes y las hadas. En todas partes, para bien o para mal, hay intervención estatal en los mercados. Quienes creen que esos rótulos les aplican a los Estados Unidos, por ejemplo, no tienen idea del grado de intervención del Estado gringo en su economía.

Hay que hacerse oír, porque lo único que nos salvará de esta crisis es un retorno vigoroso al crecimiento. Las medidas redistributivas sirven para limar las asperezas del sistema y equilibrar el campo de juego, pero por sí solas no generan riqueza. Los estímulos keynesianos pueden darle un ‘estartazo’ a la máquina, pero no podemos confundir el motor de arranque con el motor de verdad. El primero pone en marcha al segundo, pero el segundo es el que mueve el vehículo. A medida que se supere la emergencia, necesitamos que todos los pistones de la producción trabajen sin freno: los almorzaderos y las peluquerías, las fábricas y las panaderías, los bares y las zapaterías, las librerías y los sex shops. Idealmente, habrá que reducir cargas y tributos a las empresas. No porque les convenga a “los ricos” (¿cuáles ricos?), como dicen los enemigos del mercado, sino porque, sin producción, no hay ingresos ni empleos para nadie.

Ni hay, tampoco, recaudo. Por eso me agradaría ver a los partidarios de la redistribución haciéndoles barra en primera fila a los promotores del crecimiento. La riqueza, para ser redistribuida (suponiendo que eso sea deseable, pero ese es otro debate), primero tiene que ser creada. Si no, ¿qué vamos a distribuir?

Thierry Ways
@tways / tde@thierryw.net

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